Reynosa volvió a vestirse de fiesta patria. Desde temprano, las calles del centro comenzaron a llenarse de familias que buscaban un buen lugar para mirar pasar a los estudiantes, los carros alegóricos y los contingentes militares que, paso a paso, mantuvieron viva una de las tradiciones más arraigadas de septiembre.
El sol acompañó la mañana mientras en las aceras se acomodaban padres de familia, niños y adultos mayores. En las manos aparecieron las pequeñas banderas tricolores y, desde algún punto de la calle, comenzaban a escucharse los primeros sonidos de tambores y cornetas.
Entonces apareció el desfile.
Treinta y dos contingentes avanzaron desde la plaza Niños Héroes por las calles del centro de Reynosa, rumbo al Palacio Municipal. Jardines de niños, estudiantes del CAM número 14, primarias, preparatorias y jóvenes de nivel profesional caminaron con paso firme ante la mirada de cientos de personas.
Hubo aplausos, vivas y porras.
Los pequeños fueron de los primeros en arrancar sonrisas, mientras los estudiantes de mayor edad imprimieron gallardía a su marcha. Cada contingente llevaba consigo una parte de la celebración: uniformes, banderas, música y ese entusiasmo que cada año vuelve a las calles durante las fiestas patrias.
¿Qué contingentes participaron en el desfile?
Autoridades civiles y militares observaron el paso de los participantes y respondieron con aplausos a quienes avanzaban con espíritu patriótico.
El sonido de los tambores y las cornetas marcó el ritmo de la mañana. La parada cívico-militar se convirtió así en un homenaje a Miguel Hidalgo y Costilla y a los hombres y mujeres que participaron en aquella jornada que dio inicio al movimiento de Independencia.
Detalles del desfile cívico-militar en Reynosa

Pero la celebración no quedó solamente en los contingentes escolares.
Por las calles también avanzaron vehículos militares, unidades de la Guardia Nacional, de la Guardia Estatal y de Tránsito y Vialidad, además de un contingente de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Los uniformes, los vehículos oficiales y la disciplina de los participantes dieron al desfile su carácter cívico-militar, mientras las familias seguían cada movimiento desde las banquetas.
Y entre aplausos y banderas, Reynosa volvió a cumplir con la tradición.
Una mañana para recordar a los héroes de la patria, pero también para celebrar en familia. Una fiesta que, año tras año, convierte las calles del centro en escenario de color y orgullo mexicano.
Porque cuando el último contingente pasó frente al Palacio Municipal, todavía quedaban en el aire los ecos de los tambores y una expresión que resume el espíritu de la jornada:
¡Viva México!










