Durante años, la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China tuvo un objeto pequeño y perfectamente tangible: los microchips. Ahora el enfrentamiento se trasladó a algo mucho más difícil de controlar: la inteligencia artificial.
Washington y Pekín compiten por desarrollar los modelos más poderosos del planeta, se acusan mutuamente de utilizar la tecnología como instrumento de dominio y seguridad nacional y, paradójicamente, comienzan al mismo tiempo a advertir sobre los riesgos de una carrera que ninguno de los dos parece dispuesto a abandonar.
¿Cómo afecta la guerra tecnológica a la inteligencia artificial?
La IA se convirtió así en el nuevo escenario de la disputa estratégica entre las dos mayores potencias del mundo.
Estados Unidos conserva ventajas decisivas en capacidad informática, centros de datos, inversión privada y acceso a los semiconductores más avanzados. Pero China está cerrando rápidamente una distancia que hasta hace poco parecía difícil de superar.
El AI Index 2026 de la Universidad de Stanford concluyó que la brecha de rendimiento entre los mejores modelos estadounidenses y chinos prácticamente desapareció.
Desde comienzos de 2025, modelos de ambos países se alternaron incluso en los primeros puestos de algunas clasificaciones internacionales y, en marzo pasado, el mejor sistema estadounidense aventajaba al principal competidor chino por apenas 2,7 %.
La irrupción de DeepSeek fue la primera gran señal de alarma para Silicon Valley.
Su modelo R1 demostró a comienzos de 2025 que una empresa china podía competir con los principales sistemas estadounidenses utilizando menos recursos y provocó entonces un terremoto en los mercados tecnológicos.
Moonshot AI sorprendió con Kimi K3, Z.ai avanzó con sus modelos GLM-5.2 y GLM-5.3 y Alibaba presentó Qwen3.8-Max, mientras DeepSeek anticipó V4, con mejoras en razonamiento y capacidades "agénticas": sistemas capaces de planificar y ejecutar tareas complejas con una intervención humana cada vez menor.
Detalles confirmados sobre la destilación de modelos
La estrategia china tiene una lógica clara: si Estados Unidos controla buena parte del acceso a los chips más sofisticados, Pekín necesita obtener más inteligencia utilizando menos capacidad informática.
El FBI, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructura (CISA) acusaron este mes a seis compañías chinas, entre ellas DeepSeek, Moonshot AI y Alibaba, de realizar actividades de "destilación a escala industrial" sobre modelos estadounidenses.
La destilación es una técnica habitual en el sector que permite utilizar las respuestas de un modelo más potente para entrenar otro más pequeño y económico.
Pero Washington sostiene que algunas compañías chinas fueron mucho más allá y utilizaron accesos no autorizados y mecanismos diseñados específicamente para extraer capacidades de los modelos de frontera estadounidenses.
Para las agencias norteamericanas se trató de actividades "agresivas, maliciosas y dirigidas".
China rechazó las acusaciones y respondió que la destilación es una práctica común en toda la industria. Pekín acusó a Washington de utilizar la seguridad nacional como argumento para mantener un "monopolio" de la inteligencia artificial y frenar a sus competidores.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, resumió la posición estadounidense con una frase: "Los chinos destilan nuestros modelos y nunca podrán adelantarnos".
"La brecha entre los modelos estadounidenses y chinos es estrecha y frágil", advirtió Samm Sacks, especialista del Johns Hopkins School of Advanced International Studies.



