Claudia frente a Trump
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Tenía toda la razón Andrés Manuel López Obrador, quien habida cuenta de lo que ha sucedido en los últimos días debe estar feliz allá en La Chingada abrazando a sus árboles, cuando decía que Claudia Sheinbaum Pardo era lo mejor que le podía pasar a México.
Mantener la cabeza fría no es en ella solo una cuestión de temperamento ni muestra únicamente su habilidad para negociar.
De lo que nos habla la forma en que la Presidenta ha enfrentado a Donald Trump es de su historia de lucha, de la forma en que defiende principios y convicciones que ha mantenido toda su vida y de su fidelidad al pueblo de México y a un movimiento revolucionario —el de la Cuarta Transformación— único en la historia.
No tengo memoria de un movimiento de izquierda que, al jugarse la vida en las urnas, ponga —así como hizo Andrés Manuel al desaparecer de la vida pública y como hará la propia Claudia al terminar su sexenio— fecha de caducidad inexorable a su posibilidad de mantenerse en el poder y que apueste tan decididamente por la pluralidad y la inclusión de sectores que cualquier otra revolución consideraría históricamente antagónicos.
De esa legitimidad democrática, de esa capacidad inédita en los movimientos de izquierda —de América Latina y del resto del mundo— para construir consensos nacionales y para concebir e incluso luchar por la cooperación con el propio gobierno de Estados Unidos, nace la fortaleza con la que la Presidenta hace frente a la amenaza que para nuestro país y el mundo representa Trump.