´Quería tenerlo en una burbuja´
Uno aprende a vivir con ese miedo. Mi hijo lleva una vida normal, pero siempre estamos pendientes. Nunca bajas la guardia, señala la madre de Bertín
Como parte de su seguimiento médico, Bertín y su familia viajan periódicamente de Reynosa a Ciudad Victoria para sus revisiones especializadas.
Las quimioterapias llegaron después. Con ellas aparecieron también los efectos secundarios que suelen acompañar este tipo de tratamientos.
"Fue muy fuerte verlo así. Las quimios lo debilitaban, se le lastimaba la garganta, le bajaban las defensas. Ver sufrir a un hijo es algo que ninguna madre quisiera vivir".
Aunque el tratamiento estaba diseñado para salvarle la vida, presenciar cada reacción física fue una prueba emocional para toda la familia.
A pesar de las dificultades, Bertín respondió favorablemente. El proceso que inicialmente se proyectaba más largo logró completarse en dos años y actualmente se encuentra en etapa de vigilancia médica.
"Gracias a Dios va muy bien. Ya vamos para año y medio de vigilancia", comenta su madre.
¿Cómo afecta el cáncer infantil a las familias?
La vigilancia consiste en revisiones periódicas, estudios de laboratorio y evaluaciones médicas destinadas a detectar cualquier signo de recaída. Es una etapa que puede extenderse por cinco años antes de que el paciente sea considerado libre de la enfermedad.
Sin embargo, el fin de las quimioterapias no significa necesariamente el fin de los temores.
"Uno aprende a vivir con ese miedo. Mi hijo lleva una vida normal, pero siempre estamos pendientes. Nunca bajas la guardia".
Acciones de apoyo para pacientes con cáncer infantil
La batalla contra el cáncer infantil no ocurre únicamente dentro de los hospitales. Para muchas familias también representa un desafío económico que se prolonga durante meses o incluso años.
Ana Bertha reconoce que en distintos momentos del tratamiento el apoyo de organizaciones civiles fue determinante para que Bertín continuara recibiendo atención.
Cuando hubo escasez de algunos medicamentos o tratamientos, encontró respaldo en Voluntad Contra el Cáncer Reynosa-Río Bravo, asociación que apoya a niñas, niños y adolescentes con cáncer y a sus familias.
"Cuando necesitábamos medicamentos o alguna quimio que no había, ellos nos ayudaban. También con boletos para trasladarnos a Reynosa para las consultas y con otros apoyos que muchas veces las familias no podemos costear", explica.
Julia Zeneth García Gómez, presidenta de Voluntad Contra el Cáncer Reynosa-Río Bravo, señala que uno de los principales desafíos sigue siendo el temor que provoca escuchar la palabra cáncer.
"Ya no es sinónimo de muerte; hay que perderle el temor a la palabra cáncer", afirma.
Explica que cuando los pacientes llegan en etapas tempranas, las posibilidades de recuperación aumentan considerablemente.
"Si el niño nos llega en la primera etapa del cáncer es muy rápido sacarlo adelante; no así cuando llegan tardíamente, porque fueron mal diagnosticados o tratados como otra enfermedad".
La asociación obtiene recursos mediante donativos de ciudadanos, empresas y campañas de redondeo en establecimientos comerciales. Esos aportes, aunque parezcan pequeños, terminan convirtiéndose en medicamentos, estudios médicos, apoyos para transporte y acompañamiento para familias que atraviesan momentos complejos.
Detalles sobre la vigilancia médica en pacientes pediátricos
La doctora Brenda Chávez Liñán destaca que en Reynosa el Hospital General Regional No. 270 del IMSS brinda alrededor del 95 por ciento de los tratamientos requeridos para pacientes pediátricos con cáncer en Tamaulipas y cuenta con atención especializada, estudios moleculares, imagenología y seguimiento permanente.
La unidad recibe pacientes de todo el estado, principalmente de Reynosa, Matamoros, Ciudad Madero y Tampico, aunque también atiende casos provenientes de otros municipios.
Para las familias, sin embargo, la lucha suele medirse de otra manera: en cada consulta favorable, en cada estudio que sale bien y en cada revisión que confirma que la enfermedad continúa bajo control.
Hoy, Bertín asiste a sus revisiones médicas, convive con normalidad y continúa avanzando en el periodo de vigilancia, en espera de tocar la campana que indique su victoria contra el cáncer infantil. Para Ana Bertha, la experiencia dejó cicatrices que difícilmente desaparecerán, pero también una convicción que comparte con otras madres que apenas comienzan este camino: detrás de cada diagnóstico existe la posibilidad de seguir adelante cuando el tratamiento llega a tiempo, existe apoyo y la esperanza se mantiene firme.
