Un viejo fresno que se resiste a morir
Entre el concreto y la basura, el árbol que ha sido utilizado como deposito de basura, junto al canal Anzaldúa, recuerda que la naturaleza resiste incluso cuando la ciudad olvida
Desde su corteza gruesa y agrietada, brota la vida.
Sobre la banqueta lateral al canal Anzaldúa, en la calle Tiburcio Garza Zamora, permanece de pie lo que queda de un viejo fresno. Su tronco, hueco en el interior y marcado por la enfermedad y el abandono, parece más un vestigio que un árbol. Durante años, incluso, ha sido utilizado como depósito improvisado de basura, reflejo del olvido urbano.
¿Qué representa el fresno en el canal Anzaldúa?
Sin embargo, desde su corteza gruesa y agrietada, brota la vida. Ramas verdosas emergen con terquedad, desafiando la lógica del deterioro. A pesar de ser apenas los restos de un tronco de aproximadamente dos metros de altura y más de un metro de ancho, el fresno sigue respirando, resistiendo.
Este árbol, que sin duda fue en otros tiempos un fresno frondoso y lleno de sombra, hoy llama la atención por su apariencia y su resiliencia. No es solo madera vieja, es una lección viva sobre la capacidad de la naturaleza para aferrarse a la existencia, incluso en condiciones adversas.
Acciones de la Secretaría de Desarrollo Urbano
Ante ello, surge un llamado a la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente para que observe, pues a pesar de que el municipio llevó a cabo la reforestación de la ciudad con más de mil 300 olivos, esta parte de la ciudad, permanece en espera de ser atendida.
Impacto del abandono en el entorno urbano
La situación del fresno en el canal Anzaldúa es un claro ejemplo de cómo el abandono urbano puede afectar la naturaleza y el entorno. La falta de atención a este tipo de elementos naturales no solo afecta la estética de la ciudad, sino que también refleja una falta de compromiso con el medio ambiente.
