Reynosa

Perdió las piernas, no las ganas de vivir

Jesús Lucas Ibarra enfrenta la vida desde los cruceros de Reynosa con fe, dignidad y el deseo de cuidar a su madre
  • Por: Gloria Isela Treviño
  • 10 / Marzo / 2026 -
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Perdió las piernas,  no las ganas de vivir

Jesús Lucas Ibarra sobrevive de la ayuda que recibe en los cruceros de Reynosa

En medio del tráfico y la prisa de la ciudad, Jesús Lucas Ibarra Delgado se abre paso todos los días en algunos cruceros de Reynosa para pedir el apoyo de la gente. A sus 65 años, su historia no solo habla de la adversidad que le arrebató ambas piernas cuando era apenas un adolescente, sino también de la fuerza con la que ha decidido seguir adelante, sin perder el ánimo ni la capacidad de agradecer.

¿Cómo ocurrió el accidente que cambió su vida?

Jesús recuerda que su vida cambió cuando tenía 13 años, durante un intento por llegar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Aquel trayecto, que formaba parte del llamado "sueño americano", terminó en un accidente ferroviario que lo dejó gravemente herido y marcó para siempre su destino; sin embargo, al narrar ese episodio, no lo hace desde el rencor, sino desde la fe con la que afirma haber sobrevivido.

"Bueno, eso es palabra bíblica. Nuestro señor Jesús y también fue discípulo él. Yo creo en ellos. Confío en ellos, porque ellos ahora sí me sacaron la palabra, me sacaron del pozo. El pozo, que es muy increíble, porque nadie lo cree. Yo gracias a Dios me salvó, me sacó dos veces", expresa al recordar el accidente que le cambió la vida y del que, asegura, logró salir adelante de manera casi milagrosa.

Al platicar de cómo perdió sus piernas, Jesús cuenta fragmentos de aquel momento con palabras entrecortadas, como si todavía reviviera el impacto de lo ocurrido. Dice que iba en el tren y que, al intentar acomodarse, sobrevino el accidente. Después vino un largo periodo de hospitalización, confusión y miedo, en un contexto además marcado por su condición de migrante.

"Pues iba en el tren, ya llegando... ya habíamos podido llegar a Nueva York, ya por llegar a la estación. Le digo yo a un camarada que iba así, le digo, ayúdame porque el tubo se va a zafar, para acomodarme bien. Al tiempo que yo me hago para allá, al tiempo que yo me agarro del tubo... viene a despertar dos meses y 15 días en un hospital", relata.

Detalles sobre la vida diaria de Jesús en Reynosa

Lejos de hundirse, Jesús afirma que aprendió a levantarse con lo que la vida le dejó. Vive de la ayuda que le brinda la comunidad en distintos cruceros de la ciudad. Suele ubicarse en puntos como Las Fuentes, pero también se mueve hacia otras zonas, dependiendo del día. Con lo que recibe, no solo cubre sus propias necesidades, sino que sostiene a su madre de 95 años y atiende a sus mascotas, una responsabilidad que asume con orgullo.

Ahí aparece uno de los rasgos más humanos de su historia, su sentido de cuidado. En medio de sus limitaciones, de la exposición diaria al tráfico y del desgaste físico y emocional que implica pedir ayuda en la calle, Jesús sigue pendiente de su madre y de los animales que tiene en casa. No habla de ellos como una carga, sino como parte de su motivo para salir todos los días.

"Muchos sí, los que tienen buen corazón sí me ayudan. Gracias a ellos tengo para darle de comer a mis perritos, tengo para mí renta, luz, el agua. Gracias a personas que me tratan con buen corazón y me ayudan", comenta, dejando ver que detrás de cada jornada en los cruceros hay una lucha diaria por sostener su hogar.

Impacto de la comunidad en la vida de Jesús

Su testimonio también deja ver una faceta sensible, su cariño por los animales. Aunque vive en condiciones complicadas, ha hecho espacio en su vida para sus perros chihuahueños y aves, a los que también procura con lo poco o mucho que logra reunir. Esa parte de su historia lo retrata como un hombre que, pese a vivir de la caridad, no ha perdido la capacidad de cuidar, proteger y compartir.

Jesús reconoce que la calle también le ha mostrado el lado más duro de algunas personas. Dice que no toda la gente es respetuosa y que ha sido blanco de comentarios hirientes y actitudes discriminatorias. Aun así, evita responder con resentimiento y prefiere insistir en que cada persona carga sus propias batallas.

Inmigrante accidentado

Con lo poco que gana sostiene a su madre de 95 años y cuida a sus perros chihuahueños y aves.


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