Nunca es tarde para hacer clic al futuro
Entre teclados y pantallas Victoria y Arturo vencen el miedo a la tecnología y transforman su vida laboral y personal
Alumnos de computación de más de 50 años se apoyan mutuamente.
"Todavía es tiempo, nunca es tarde... que no se queden atrás de la tecnología".
La frase es de Victoria López Salazar, pero también podría ser de Arturo Ansures. Ambos decidieron aprender computación después de los 50 años, enfrentando dudas, miedos y la idea de que ese mundo ya no era para ellos. Hoy, desde un aula en Reynosa, demuestran lo contrario.
¿Cómo enfrentan los adultos mayores el aprendizaje tecnológico?
Victoria dio ese paso con una convicción clara: no quedarse atrás. "La tecnología sigue avanzando... tengo que actualizarme", expresa. Lo que antes veía como algo complicado, hoy comienza a dominarlo con seguridad, a base de práctica y constancia.
El cambio ha sido más que académico. En la maquiladora donde trabaja, su realidad es distinta: antes dependía de sus compañeros para realizar tareas en computadora; ahora, esa dependencia desaparece poco a poco. Puede resolver por sí misma, avanzar sin detenerse y confiar en lo que sabe hacer.
"Sí, realmente sí", responde cuando se le pregunta si se siente más independiente. Y en esa respuesta se resume todo: la tecnología dejó de ser un obstáculo para convertirse en una herramienta que le devuelve control sobre su trabajo y su tiempo.
Victoria reconoce que adaptarse ha sido parte del proceso, pero no una limitante. "No se me hace difícil porque me gusta", dice, convencida de que el interés es el motor principal para aprender.
Impacto de la tecnología en la independencia laboral
A unos lugares de distancia, Arturo Ansures vive ese mismo proceso desde otra etapa. Jubilado, decidió no quedarse al margen de los cambios. "Sentía que me comenzaba a quedar un poquito obsoleto y quise retomar desde cero lo que es la computación", relata.
Para él, el reto va más allá de lo técnico: es romper con la dependencia. Habla de quienes prefieren no intentarlo por miedo o por recurrir a sus hijos o nietos. "Es mejor que uno por su mismo adiestramiento vaya haciendo... no depender de nadie", afirma.
La importancia de la comunidad en el aprendizaje
En el aula encontró también un espacio de comunidad. "Es motivante ver a tanta gente... unos saben más, otros menos, pero nos ayudamos", explica, destacando el acompañamiento entre compañeros.
Hoy, lo aprendido tiene impacto en su vida diaria: desde hacer pagos en línea hasta comunicarse con mayor facilidad. "No es tarde para aprender... es muy bueno y motivante", resume.
Historias como las de Victoria y Arturo dejan una lección clara: el aprendizaje no tiene edad. En cada intento, en cada avance, están recuperando algo más que conocimiento: independencia, confianza y la certeza de que siempre se puede empezar de nuevo.


