Reynosa

Un oficio que no se rinde

En tiempos de lo desechable, Juan José Granados sigue apostando por reparar, conservar y honrar la tradición artesanal
  • Por: Gloria Isela Treviño
  • 16 / Febrero / 2026 -
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Un oficio que no se rinde

Mantiene vivo el oficio de zapatero heredado de su padre, reparando no solo calzado, sino recuerdos y tradición.

Juan José Granados Mejía aprendió a ser zapatero siguiendo los pasos de su padre. "Mi papá fue quien empezó el taller, y yo empecé a trabajar con él a los 17 años, apenas salí de la secundaria", recuerda. Desde entonces, los zapatos se convirtieron en su mundo, su sustento y su pasión. Lo que comenzó en 1960 con su padre, Juan José lo tomó en 1981 y desde entonces ha mantenido viva la tradición, reparando cada par que llega a sus manos y dándole una segunda oportunidad a lo que otros considerarían desechable.

¿Cómo se mantiene viva la tradición zapatera en Reynosa?

"Esto representa todo para mí. No sé de otro oficio; toda mi vida ha sido mi taller", afirma. Para él, cada reparación es más que un trabajo: "Es devolver la vida al calzado por su andar, al que ha caminado mucho y lleva consigo la historia de quien lo usó".

Recuerda sus primeros días aprendiendo: "Me desbaraté un poco, porque cuando uno empieza, obvio, no sabe. En los acabados y todo eso, mi papá tuvo que pagar ciertos pares que se echaron a perder". Y fue la paciencia de su padre lo que lo motivó a quedarse con el oficio. "Mi papá se lastimó una mano y me dijo: ´Yo voy a estar contigo y te voy a enseñar cómo hacerle´. Y así fue. Nada más lo que quiero es que estés aquí", relata.

El taller conserva gran parte del equipo original que utilizaba su padre. "Lo único que he comprado es una máquina que me trajo un compadre desde Houston. El resto es todo de él", dice Juan José, orgulloso de mantener la esencia del taller familiar. Cada trabajo requiere paciencia y cuidado: "Habrá trabajos súper facilitos y otros que a veces me quitan gran parte del día, pero como les digo, es trabajo, tengo que hacerlo".

Detalles sobre el taller de Juan José Granados Mejía

Su clientela es diversa, "La mayor parte de los zapatos que me traen son viejitos, porque la persona anda a gusto. Y como dicen, siguen valorando lo viejito", comenta. A pesar de la competencia y los cambios del mercado, Juan José sigue firme en su labor. "Hoy todo es desechable, pero siempre habrá zapatos que necesiten una boleada, una costura o un arreglo. Mi deseo es que alguien más continúe esto algún día", dice con esperanza. Y en cuanto a los jóvenes, reconoce la dificultad de atraerlos al oficio: "La mayoría se va con la tecnología, todos quieren ser influencers o estrellas de TikTok, pero sería bueno que conocieran esto".

Impacto del oficio de zapatero en la comunidad

El taller de Juan José Granados Mejía no solo repara calzado; preserva recuerdos, prolonga historias y mantiene viva una tradición artesanal que resiste el paso del tiempo. "Siempre voy a estar aquí, dando vida a los zapatos, aunque sean baratos, aunque se despeguen. Siempre habrá algo que arreglar", asegura, mientras ajusta cuidadosamente un par de zapatos. Su oficio, dice, "es todo para mí. Esto es mi gusto, me gusta hacer mi trabajo. No siento que ya no quiera. Toda mi vida ha sido mi taller", concluyó.

Un oficio que no se rinde

Entre máquinas antiguas y enseñanzas paternas, Juan José resiste al mundo desechable dando nueva vida a cada par de zapatos.

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