La Zona Rosa, el paso de una era irrepetible
Antropólogo narra el auge de la Zona Rosa en Reynosa
Hubo un tiempo en que Reynosa no dormía. En las calles cercanas al puente internacional, entre cantinas, casinos, salones de baile, música en vivo y cabarets, la ciudad vivió una etapa de esplendor que transformó su historia urbana. Aquel corredor de diversión, conocido con los años como la Zona Rosa, fue durante buena parte del siglo XX un punto de encuentro para visitantes extranjeros, artistas y familias que cruzaban la frontera atraídos por un ambiente que aquí no encontraba descanso.
¿Cómo se transformó Reynosa en un centro de entretenimiento?
Esa historia, reconstruida a partir de archivos y testimonios, es narrada por el antropólogo Martín Salinas Rivera, jefe del Archivo Histórico Municipal, quien ubica el origen de ese auge en dos hechos clave: la apertura del puente internacional en 1926 y la Ley Seca en Estados Unidos. "Ahí inicia el cambio", resume el historiador, al explicar cómo Reynosa dejó de ser una ciudad de actividad ganadera para convertirse en un centro de servicios y entretenimiento fronterizo. La prohibición del alcohol entre 1920 y 1933 convirtió a esta frontera en un destino inmediato para quienes buscaban beber, apostar y divertirse al otro lado del río Bravo.
La ciudad ya venía transformándose desde finales del siglo XIX, pero fue en la década de los veinte cuando comenzó a consolidarse como un punto turístico. Con el puente internacional, se intensificó el movimiento de personas, mercancías y espectáculos, dando paso a una vida nocturna que creció alrededor del primer cuadro.
Impacto de la Ley Seca en la vida nocturna de Reynosa
Uno de los símbolos de esa época fue el casino Canales, en la zona de Zaragoza y Juárez. Ahí se concentraban las máquinas de juego, la ruleta y el consumo de alcohol, en un ambiente frecuentado principalmente por extranjeros. "No era el único, pero sí de los más representativos", señala Salinas Rivera, al recordar que muchos de estos negocios eran operados por inmigrantes que llegaron a Reynosa en esos años.
Pero la Zona Rosa no sólo era juego. Era espectáculo. Documentos del archivo municipal muestran permisos para la presentación de artistas estadounidenses, pianistas y cantantes que llegaban a actuar en estos espacios. "Venía gente de Chicago, de Texas... cruzaban a divertirse, a tomar, a escuchar música", describe el historiador.
Ese auge también impactó la vida local. La participación de los reynosenses era principalmente laboral: trabajaban en comercios, servicios, transporte y atención al turismo. "La gente de Reynosa se integró a esa dinámica, era parte de la operación de toda esa actividad", explica.
La evolución de la Zona Rosa entre las décadas de 1950 y 1970
En paralelo, Reynosa también tuvo una zona roja en el primer cuadro, lo que reflejaba el crecimiento de una ciudad marcada por el turismo continuo y una intensa vida nocturna. Ambas zonas coexistieron como parte de una frontera en expansión.
Con el fin de la Ley Seca, el perfil del visitante cambió, pero Reynosa mantuvo su dinamismo. "Ya no era sólo el visitante que venía a beber o apostar, empezaron a llegar familias", explica Salinas Rivera. En los años cuarenta y cincuenta, la ciudad se consolidó como un punto de entretenimiento masivo, con orquestas, salones de baile y una intensa actividad comercial.
Desde temprana hora, los visitantes cruzaban la frontera, llenaban el mercado, recorrían la plaza y sostenían el comercio local. Reynosa también se proyectó a través de la radio y el espectáculo, consolidando su identidad como una ciudad activa y con proyección cultural.
Más adelante, entre las décadas de 1950 y 1970, la Zona Rosa evolucionó hacia un semillero musical. "Aquí convivían el jazz, la música regional, el rock... había espacios para tocar y crecer", señala. La ciudad se llenó de sonido y de escenarios que marcaron a varias generaciones.
