Al ser madre cuidadora de un niño con discapacidad motriz, obtener un empleo formal que le dé sustento a su familia es "muy difícil" para Karla Yazmín Moya, de 40 años. Por eso, emprender su propio negocio en la alcaldía Tláhuac, le ha dado la posibilidad de generar ingresos sin descuidar la atención de su pequeño de nueve años, ni de su otra hija de tres.
"Aquí vendemos moles, dulces, chiles; todo es artesanal, con pequeños amigos productores que sabemos que son de buena calidad y a un precio accesible", comenta a EL UNIVERSAL desde su local de elaboración y venta de mole, que abrió con el apoyo de Capital Semilla, que forma parte del Programa de Autonomía Económica de las Mujeres, impulsado por la administración capitalina.
¿Qué es el programa Autonomía Económica?
La estrategia, que arrancó apenas en mayo pasado, consiste en otorgar apoyos económicos no reembolsables de 25 mil pesos, para que mujeres puedan iniciar sus negocios en la Ciudad y así obtener independencia económica.
"La dependencia económica es uno de los principales factores por el cual una mujer no puede irse de un hogar violentador", advierte en entrevista con este diario, María Elena Esparza Guevara, coordinadora general de Autonomía Económica, de la Secretaría de las Mujeres de la Ciudad de México.
"Sabemos que 80% de las violencias contra las mujeres están concentradas en el espacio privado del hogar. Depender económicamente de tu agresor es una forma de estar atada y de perder la libertad", señala la funcionaria.
Impacto del emprendimiento en mujeres víctimas de violencia
"Me pude salir de ese lugar de violencia, no quiero volver a ver al agresor y tengo la forma de mantener a mis hijos. Se ve muy difícil salir adelante, pero gracias al programa lo pude lograr", asegura Karina Miranda, quien forma parte de Las pócimas de la bruja, un proyecto biocultural integrado por 15 mujeres que elaboran y distribuyen mezcal artesanal de sabores frutales, endulzado con miel; a la par, realizan actividades culturales.
La mujer de 45 años explica que llegó a la Secretaría de las Mujeres por una situación de violencia sexual por parte de su expareja. Ahí, tuvo conocimiento del programa de Autonomía Económica, lo que le permitió hacer mancuerna con una cooperativa de mezcal ubicada en Guerrero. Ahora quiere distribuir la bebida no sólo en la Ciudad sino en otras entidades de la República Mexicana.
"Yo no tenía la forma de cómo separarme, a pesar de que lo había intentado muchas veces. Muchas veces tenía que regresar porque no tenía, primero, donde vivir; segundo, cómo mantener a mis hijos; tercero, uno de mis hijos tiene discapacidad de lenguaje y es neurodivergente, entonces tengo que asistir a sesiones psicológicas y rehabilitación. Entrar a un trabajo de ocho horas, de lunes a viernes, no podía prestarle la atención que tengo que prestarle a mi hijo. Además, soy cuidadora de mi madre que tiene cáncer, entre quimios es muy difícil", señala.



