Todo gobierno que termina deja herencias. Cosas que se tienen que atender, modos que se deben de cambiar. Cierto que, durante el liberalismo, los estilos eran muy similares (de ahí la idea del PRIAN). Los políticos eran de determinada manera: algunos más prácticos y con cierta soltura, otros recelosos y teóricos. Digamos que eso quedó atrás. Incluso la mesura y contención de nuestra presidenta —algo que choca con el desquiciamiento que predomina en las que fueran las "democracias occidentales"— no dejan de tener su barniz de demagogia y simplismo populista. Es parte de la herencia de López Obrador. En efecto, el estilo rupturista de comunicar del presidente tabasqueño marcó una especie de frontera divisoria entre el antes y el después. Incluso viéndolo desde el ángulo crítico, hay que reconocer que el hombre inició una etapa novedosa en la comunicación de nuestra vida nacional. Si bien no todo lo nuevo es beneficioso, hubo algunos aspectos que destacar. Por ejemplo, la comparecencia diaria comparada con las