En Brasil parecía imposible que Lula da Silva logrará darle la vuelta a Flavio Bolsonaro, candidato derechista y respaldado por Estados Unidos. América Latina por lo tanto terminaría controlada por la derecha trumpista y todas las locuras que ello implicaba. Solo México se mantendría en el ala progresista y se dispondría a tolerar los embates de la derecha. Pero, en política nada esta resulto hasta el final, así lo demostró Lula, quien fue capaz de movilizar el voto a su favor y obtener diez millones más de votos en la segunda vuelta.
El resultado es un giro inesperado, que muy probablemente generará un contagio en América Latina el año próximo que se lleven a cabo las elecciones en Argentina. Antes de ello Estados Unidos tendrá sus elecciones intermedias, en ellas los Republicanos perderán el control de las Cámaras, donde se elegirán 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 lugares del Senado. No es menor el cambio aritmético que se tendrá, alterará el juego de poder rumbo a la elección presidencial de 2028, donde muy probablemente los Demócratas regresen a la Casa Blanca con Kamala Harris, Gavin Newson o Pete Buttigieg. Este panorama obligará a Donald Trump a enfocarse en su sucesión, esto si desea que algún Republicano -JD. Vence, Marco Rubio o Ron DeSantis- sea quien quede en su lugar.
Los políticos de derecha en América Latina, que han fincado su futuro en Trump, tendrán que cambiar de estrategia. El presidente narcisista enfocará su energía en EE. UU., será probable que lo escuchemos despotricar contra los gobiernos de México y Brasil, se centrará en mencionar el tema del narcotráfico y los migrantes. Buscará esconder su poca popularidad y los escasos resultados de su gobierno en el ataque a los gobiernos progresistas. Lo veremos desesperado intentando aumentar aranceles. Aunque la misma composición política y económica estadunidense terminaría limitándolo y encerrándolo en la Casa Blanca. Será un hombre loco que vocifere día con día. Concluirá hablándose al espejo y consolándose con lo que él mismo se responda. De manera paulatina los Republicanos que aspiran a la presidencia se alejarán de Trump, para tratar de contener el voto de su partido y no tener una debacle mayor.
América Latina tiene la oportunidad de retomar el camino progresista, para ello México y Brasil pueden ser punta de lanza. Ambas naciones han reducido las brechas de desigualdad y la pobreza de manera importante, son, sin duda alguna, sus principales cartas de presentación. México, por primera vez desde que inicio la guerra contra el crimen organizado, ha implementado una estrategia para reducir la violencia e inseguridad que de manera paulatina ha dado resultado, Brasil tendría que analizar lo que Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch están realizando en materia de seguridad, sin duda alguna el principal logro de su gobierno, e implementarlo en su país.
Aunque hay un reto mayor y es el principal desafío de la izquierda latinoamericana: la corrupción e impunidad. Continuamente nos seguimos enterando de actos de corrupción que trastocan la vida institucional de nuestros países y generan desconfianza entre la ciudadanía. La corrupción en América Latina es sinónimo de impunidad. Las componendas políticas permiten que se protejan a distintos personajes sin que sus actos tengan consecuencias. El proyecto político de Sheinbaum y Lula tiene que estar encaminado a erradicar, enserio, la corrupción y la impunidad, los dos más grandes cánceres que han dañado la vida pública de Latinoamérica, ¿serán capaces?
Hasta aquí Monstruos y Máscaras...



