Hay una forma perversa y muy efectiva para destruir un país: incapacitar sus instituciones, desacreditarlas poniendo al frente de ellas a personas incompetentes y luego utilizar ese fracaso para desaparecerlas. Es el método que Morena ha perfeccionado desde 2018. Ahora parece que toca el turno al INE.
La renuncia de Guadalupe Taddei, entre señalamientos por presuntas irregularidades, sacude uno de los últimos bastiones de la modernización democrática iniciada hace una generación, y ocurre justo antes de las elecciones de 2027 que se ven complicadas para Morena.
Desde 1988, México emprendió una transformación institucional extraordinaria. Nacieron el IFE, hoy INE; la CNDH y los organismos autónomos de transparencia y competencia económica que eran orgullo de la sociedad civil. No fueron instituciones perfectas, pero representaron una conquista civilizatoria: el Estado no debía pertenecer al partido gobernante o una mayoría de paso o maquilada con triquiñuelas legales.
Morena atacó desde el primer día esa lógica democrática. Desapareció al INAI y a reguladores autónomos, eliminó al CONEVAL como organismo independiente y debilitó todos los contrapesos judiciales. También ha golpeado al IMSS y a Pemex con responsables que no han podido con la complejidad que deben atender. Las instituciones conservan sus siglas, pero ya perdieron sus capacidades.
La crisis del INE exhibe la más reciente demolición desde dentro. Las facultades concentradas en su presidencia y los señalamientos de corrupción han erosionado al árbitro electoral. Claro que todo debe investigarse, sin anticipar culpabilidades, pero lo cierto es que ya hay algo inquietante. Tras defender inicialmente a Taddei, Morena y Presidencia tomaron distancia. ¿Fue por la gravedad de los señalamientos o alguien comprendió que la crisis generada por una "simpatizante" de Morena entregaba en bandeja de plata un argumento mortal contra el INE? ¿Terminó Taddei jugando un rol como caballo de Troya, voluntario o involuntario, para destruir la institución que debía proteger?
Ahí está la paradoja central que no podemos ignorar. El deterioro institucional ocurrido bajo el gobierno de Morena puede terminar beneficiando a Morena. Cada escándalo en el INE le proporciona nuevos argumentos a quienes llevan años soñando con desaparecer un árbitro electoral verdaderamente independiente y llevar de nuevo las elecciones a la Secretaría de Gobernación.
Primero debilitan los controles. Después aparecen la discrecionalidad y los escándalos. Finalmente, el poder señala a la institución deteriorada y pregunta: ¿para qué conservarla? Quien contribuyó al incendio ofrece la demolición como solución.
Nancy Bermeo llama "engrandecimiento del Ejecutivo" al desmantelamiento gradual de los contrapesos desde las propias instituciones y por vías aparentemente legales. No siempre se destruye una democracia desde fuera; también se vacía desde dentro.
México tardó décadas en construir un Estado que sobreviviera los caprichos e instintitos autoritarios de sus gobernantes, y ahora vemos a caballos de Troya que los saquean en un puñado de años. La verdadera transformación construye instituciones capaces de limitar al poder. La falsa transformación las destruye para que nada pueda limitarlo. Saquemos nuestras cuentas.
*Senador de la República por Yucatán



