Columnas - Andrea Rizzi

Contra el infierno de Netanyahu en Gaza

  • Por: ANDREA RIZZI
  • 27 JULIO 2025
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Contra el infierno de Netanyahu en Gaza

Palabras y gestos son necesarios pero insuficientes. Hay que elevar la discrepancia con el Gobierno israelí a otro nivel, uno de sanciones y aislamiento




Tal vez nunca desde que las publicó en 1972 tuvieron tanto sentido como hoy las célebres palabras de Calvino sobre el infierno. Recordémoslas: "el infierno de los vivos no es algo por venir; si hay uno, es el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y darle espacio".

El indescriptible sufrimiento infligido por el Israel de Netanyahu a los palestinos en la franja de Gaza es sin duda alguna un infierno en la tierra, por mucho que el Ejecutivo israelí trate de ocultarlo impidiendo a los periodistas internacionales reportarlo, y matando a los locales. Por supuesto, en las últimas décadas hubo otros conflictos terribles, con balances de muertos superiores a este, pero las características de este, con un asedio medieval organizado por un Estado supuestamente democrático que mata de hambre a civiles que no pueden huir, son de una crueldad con rasgos únicos. Ante ello, queda aceptar, o esforzarse por reconocer quién y qué no es infierno, y darle espacio.

Hay que salir de la indiferencia, orquestar una movilización masiva que ponga presión para frenar esta barbarie que el Gobierno de Israel perpetra —completamente fuera del marco de la legítima defensa por el espantoso ataque de Hamás de 2023— con el respaldo diplomático y militar de EE UU y la aquiescencia de tantos países que tal vez digan algo, pero no hacen nada.

Hay iniciativas meritorias, como la denuncia de Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia —a la que se han sumado otros— o el reconocimiento de Palestina como Estado. Pero a todas luces es insuficiente. Hace falta más.

Dando por descontado que la clave la tienen los israelíes y los estadounidenses que les apoyan, ¿a quién y qué hay que dar espacio, según la idea de Calvino?

En el quién se puede destacar a los israelíes valientes que discrepan y no se dejan lavar el cerebro por información manipulada que oculta la verdad; o a Francesca Albanese, relatora especial de la ONU sobre los Derechos Humanos en los territorios palestinos, inquebrantable pese a las fortísimas presiones que sufre; o Josep Borrell, que contra viento y marea dijo e hizo lo que había que decir y hacer como Alto Representante de Exteriores de la UE; o los 130 funcionarios del Ministerio de Alemania que, según informa Der Spiegel, han creado un grupo de diálogo interno para impulsar cambios en un país que parece querer expiar atroces culpas del pasado sumando nuevas responsabilidades por omisión. El lema del grupo es "lealmente disconformes". O los 2.000 funcionarios europeos del EU Staff for Peace, que denuncian la inacción de la UE.

Buscar y saber reconocer el qué es más difícil. La UE debería suspender el acuerdo de asociación con Israel e imponer sanciones, pero no hay acuerdo y, por tanto, no cabe esperar acciones comunes. En algún ámbito, como el acuerdo sobre aviación UE/Israel, se puede proceder con mayoría cualificada. Pero por lo general lo que se puede hacer es por separado.

Sumarse a la denuncia ante el tribunal internacional o al reconocimiento del Estado palestino son pasos que deberían dar los países que no lo han hecho todavía. Pero hace falta más. Una vía fundamental son las sanciones, sobre colonos violentos en Cisjordania o sobre líderes políticos radicales que profieren barbaridades con aroma de discurso genocida, de limpieza étnica, de anexionismo ilegal. Otra puede ser cortar el diálogo político. Puede sonar radical, pero: ¿está sirviendo de algo dialogar con Netanyahu?

Hace un mes, Albanese llamó a conformar una gran flotilla global de barcos que rompa el asedio ilegal. Ya sabemos lo que hace Israel si navegan tres o cuatro. ¿Qué pasaría si fueran 100? Tal vez sea inviable, e incluso peligroso. Pero el statu quo es insostenible y hay que pensar en alternativas.

Los de la realpolitik dicen que ninguna medida de ese estilo cambiará el rumbo del Gobierno de Israel. Es posible. Pero lo que es indudable es que la realpolitik no ha obtenido absolutamente nada. Y lo que también es cierto, como recuerda la Sudáfrica del apartheid, es que un verdadero, amplio aislamiento que convierta al Gobierno israelí en un paria es una situación que puede hacer insostenible ciertas políticas.

La discrepancia política con el Gobierno israelí no es de ninguna manera antisemitismo o apología del terrorismo de Hamás, que merece la más rotunda condena y que debería liberar de inmediato los civiles secuestrados en su abominable ataque. Esa discrepancia debe ser elevada a un nivel superior. Tal vez no sea posible configurar ese amplio aislamiento que pudiera surtir efectos. Pero es necesario pasar de palabras y gestos simbólicos a acciones concretas. Sobre todo para los palestinos que sufren, pero también para no volvernos parte del infierno.


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