El camino de regreso

México y Perú hemos restablecido nuestras relaciones diplomáticas. Así lo anunció la mañana del pasado 7 de agosto la presidenta, Claudia Sheinbaum, quien ha sostenido una idea que orienta el conjunto de nuestra política exterior: es importante que México tenga relaciones diplomáticas con el mundo. Esa convicción de intercambio respetuoso hoy se traduce en un hecho concreto.
Corresponde reconocer también la iniciativa de la presidenta Keiko Fujimori, quien expresó su voluntad de recomponer el vínculo con México y ha actuado en consecuencia. Su decisión de conceder el salvoconducto solicitado por México en favor de la ex primera ministra Betssy Chávez se tomó, según ha explicado, sin atender a colores políticos, con apego al derecho internacional. México aprecia el gesto diplomático y lo corresponde.
Así, conversé con el canciller Carlos Espá para expresarle nuestro reconocimiento por esa disposición. Acordamos que los equipos de ambas cancillerías elaboren de inmediato una hoja de ruta para la reapertura de nuestras embajadas y la acreditación de nuestros representantes.
El acuerdo se sostiene sobre una fórmula sencilla: respeto y voluntad para reconstruir. El Gobierno de México conserva sus convicciones y el del Perú también. Los Estados no requieren una coincidencia total para mantener lazos diplomáticos. Antes bien, Perú y México reconocen que el otro tiene intereses y razones legítimas. Ese reconocimiento recíproco es el punto de partida del restablecimiento de nuestras relaciones diplomáticas.
Quisiera dejar constancia de nuestro agradecimiento a Brasil, país que durante estos meses asumió la representación de los intereses de México en Perú. Es un gesto que agradecemos profundamente y que dice mucho sobre la calidad de la cercanía latinoamericana: cuando dos hermanos discrepan, la región también
México y Perú somos herederos de civilizaciones milenarias. Ese parentesco antiguo explica que nuestros pueblos se hayan reconocido siempre en algo más que un socio regional. Ambos proclamamos nuestra independencia en 1821 y celebramos, hace apenas cinco años, nuestros bicentenarios. En 1826, delegaciones mexicanas y peruanas se sentaron juntas en el Congreso Anfictiónico de Panamá, el primer intento de dar a la América recién nacida una voz común. Aquel congreso no prosperó, pero fijó una aspiración que nuestros dos países nunca abandonaron.
La retomamos siempre que hizo falta. En los años ochenta, ante los conflictos que atravesaba Centroamérica, México impulsó el Grupo de Contadora y Perú integró, desde Lima, el Grupo de Apoyo; de esa suma nació el Grupo de Río, uno de los primeros mecanismos permanentes de concertación política de América Latina y el Caribe sin participación extrarregional. En 2011 suscribimos en Lima —junto con Chile y Colombia— la Declaración que dio origen a la Alianza del Pacífico.
Detrás de ese acuerdo comercial hay agroindustria peruana en los mercados mexicanos y manufactura mexicana en los hogares peruanos; hay pequeñas y medianas empresas de ambos países.



