El día que el Congreso cantó

Hay sesiones que pasan a la historia por una reforma. Otras por una confrontación política. Y algunas, muy pocas, por la capacidad de romper la rutina.
Eso ocurrió en el Congreso de Tamaulipas, donde por unas horas los discursos cedieron espacio a las canciones y la política encontró un lenguaje distinto.
No fue un acto improvisado. La visita de reconocidos autores y compositores tenía como origen una reforma para fortalecer los derechos de autor.
Sin embargo, lo verdaderamente importante fue el mensaje que terminó enviándose desde el recinto legislativo a la sociedad tamaulipeca.
En tiempos donde la polarización domina gran parte de la conversación pública, el Congreso en Tamaulipas mostró un rostro poco habitual y más cercano.
Los invitados no eran figuras pasajeras. Eran hombres y mujeres que durante décadas han escrito parte de la banda sonora de México.
Jaime Flores, Miguel Luna, Alberto Chávez, Bruno Danzza y Memo Méndez Gui, entre otros, llegaron como testigos de una discusión legislativa.
Pero conforme avanzó la sesión, la música terminó ocupando un espacio que normalmente pertenece a los posicionamientos políticos y los debates parlamentarios.
Lo interesante fue observar cómo legisladores de distintas fuerzas políticas respondieron de la misma manera ante las canciones y los recuerdos.
Por unos minutos desaparecieron los colores partidistas, las diferencias ideológicas y las estrategias que suelen dominar la vida legislativa.
Morena, PAN y PRI, encontraron un terreno común que pocas veces aparece dentro de un Congreso: la memoria colectiva de la gente.
Porque las canciones tienen una ventaja sobre la política: conectan con las emociones antes de entrar al terreno de las diferencias y ahí se vio a una inspirada Ana Laura Huerta de Morena, Úrsula Salazar, una emocionada Magaly Deandar Robinson.
Sin pasar por alto el elenco que encabezó Patricia Saldivar Cano del PAN.
La escena dejó también una lectura de fondo. Los legisladores discutían precisamente una reforma para proteger el trabajo creativo de los autores.
Y fueron esos mismos autores quienes terminaron demostrando, con su presencia, por qué resulta necesario defender la propiedad intelectual en México.
No es menor que el Congreso haya abierto sus puertas a quienes normalmente permanecen detrás del éxito de grandes artistas nacionales.
La política suele reconocer a los intérpretes, pero pocas veces voltea hacia quienes escriben las historias que después canta todo un país.
Por eso la sesión tuvo un significado distinto. No sólo se discutió una reforma; también se rindió reconocimiento a una generación de creadores.
Al final, los compositores llegaron para acompañar una iniciativa legislativa y terminaron regalando una lección que pocas veces se observa en política.
Que más allá de las diferencias, todavía existen causas capaces de reunir a todos en un mismo espacio y bajo una misma melodía.
Y en tiempos donde abundan los desencuentros, quizás esa fue la mejor noticia que salió del Congreso de Tamaulipas…. El día que el Congreso cantó.



