Columnas - José Narro Céspedes

El dolor de la tierra roja y el clamor de paz que cruza fronteras

  • Por: JOSÉ NARRO CÉSPEDES
  • 21 JULIO 2026
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El dolor de la tierra roja y el clamor de paz que cruza fronteras

Zacatecas duele en lo más profundo. La mañana en que la tierra de Morelos, Pánuco y Sain Alto se tiñó con la tragedia de diez vidas arrebatadas no solo sumió en el luto a decenas de familias; fracturó el tejido mismo de nuestra sociedad. Las identidades que la Fiscalía ha ido confirmando nos hablan de un golpe directo al corazón de nuestra productividad y nuestro servicio público: empresarios constructores, líderes ganaderos, productores agropecuarios y servidores dedicados, como Fidel Alvarado de la Torre y Jesús Gerardo Muñetón Hernández, hombres valiosos que desde Fresnillo entregaron sus días al bienestar de su gente.

El dolor que hoy embarga a nuestro estado no es un dato estadístico; es el llanto de una madre, el vacío de un negocio familiar cerrado por el miedo, el silencio sepulcral de comunidades que merecen vivir sin el peso de la incertidumbre. El esfuerzo coordinado de la Mesa Estatal de Construcción de Paz y el despliegue del Ejército y la Guardia Nacional son pasos necesarios para evitar la impunidad, pero la realidad nos exige ir más allá de la reacción: nos urge sanar las causas profundas de la violencia y devolver la tranquilidad que los zacatecanos por derecho merecen.

Un eco de esperanza desde Nueva York

Este clamor por un Zacatecas seguro no solo resuena en nuestras plazas y comunidades; viaja miles de kilómetros de la mano de nuestra comunidad migrante. Hace apenas unos días, durante la visita de la Presidenta de México a Nueva York, fuimos testigos de una de las postales más emotivas de los últimos tiempos. Cientos de zacatecanos radicados en Estados Unidos, con las manos curtidas por el trabajo y el corazón puesto en su patria, se volcaron a las calles para recibirla.

Entre abrazos, pancartas y el calor de quienes nunca olvidan sus raíces, una consigna retumbó con fuerza: "Es un honor estar con la mejor". En las miradas de esos paisanos no solo había júbilo por la presencia de nuestra mandataria; había una profunda esperanza. Muchos de ellos, al acercarse, compartían el mismo anhelo con lágrimas en los ojos: "Queremos volver a nuestra tierra, queremos invertir en nuestros municipios, pero necesitamos paz para nuestras familias".

Ese recibimiento tan cariñoso y lleno de fe es el reflejo de un pueblo que confía en el proyecto de nación, pero que también lanza un recordatorio silencioso: la pacificación del país es la tarea más noble y urgente de nuestros tiempos.

La experiencia al servicio de la paz

Para responder a esa confianza y consolidar un buen gobierno, la estrategia nacional de pacificación debe nutrirse de perfiles que conozcan el territorio no desde el escritorio, sino desde el surco, la calle y las organizaciones sociales. Traer paz a Zacatecas no es una tarea de fórmulas genéricas; requiere de una profunda sensibilidad social, de años de arraigo y de un diálogo genuino con todos los sectores de la población.

La Presidenta tiene ante sí el reto histórico de pacificar las regiones más golpeadas, y para lograrlo, es fundamental considerar la experiencia de quienes hemos caminado junto al pueblo durante décadas, conociendo de primera mano sus carencias y sus fortalezas.

Zacatecas no puede seguir siendo sinónimo de luto. Con la voluntad política de la federación, la coordinación institucional y un liderazgo social comprometido y experimentado, es posible transformar el dolor en propuesta, el miedo en seguridad, y la zozobra en la paz duradera que nuestros hermanos, tanto los que habitan el estado como los que nos miran con nostalgia desde el norte, exigen y merecen. Es momento de actuar con el corazón y la experiencia por delante.


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