El Politécnico en lucha, en defensa de su misión histórica

La misión central del IPN es unir la ciencia, la técnica y la justicia social, por ello su lema: “La técnica al servicio de la Patria”, no es una consigna decorativa, sino un programa para el desarrollo y la independencia.
Hoy esa misión está en riesgo. La relación del IPN con sus propios organismos se ha vuelto distante y burocrática.
En meses recientes, se han presentado denuncias por desviación de recursos en la institución, y por ejemplo, el personaje que hasta hace poco tiempo ocupaba la Secretaría de Administración y Finanzas fue obligado a separarse del cargo y está sujeto a un proceso penal. Está también la denuncia por el manejo completamente improcedente de la Fundación Corazón Guinda y Blanco, una instancia inventada por la actual dirección general, que pretendió cancelar la relación con la Fundación Politécnico con 30 años de historia, para manejar a su antojo, más de 330 millones de pesos que anualmente aportan los egresados en apoyo del Politécnico.
Los estudiantes del Instituto están en huelga para reclamar el fin de la corrupción en la administración de la institución. Demandan total rendición de cuentas de las máximas autoridades del IPN. Denuncian que las instalaciones del centro educativo están abandonadas; el presupuesto es raquítico y luchan contra el autoritarismo que limita la libertad de la comunidad. Reclaman diálogo público, renuncia de las autoridades, más presupuesto, talleres y laboratorios, mantenimiento de instalaciones escolares. También exigen becas, recursos para prácticas, mejor infraestructura educativa, auditorías y rendición de cuentas, así como la creación de instancias permanentes que garanticen su participación en las decisiones. No están actuando contra el Politécnico, defienden su razón de ser. Su protesta merece solidaridad, respeto y escucha. Es una señal de alerta que de ninguna manera se puede minimizar, como si se tratase de una pura simulación.
Es obligación de las autoridades educativas abrir un diálogo serio, respetuoso y resolutivo, de cara a la nación. Deben evitarse la criminalización, las amenazas y el desgaste deliberado. La mesa de diálogo debe incluir a estudiantes, docentes, investigadores, trabajadores, egresados, autoridades del IPN, la SEP y de Hacienda. Ningún conflicto educativo se resuelve debilitando a la comunidad; se resuelve reconociendo los derechos legítimos y que éstos se expresen en total libertad.
La coyuntura debe conducir a un Congreso Politécnico plural, democrático y resolutivo. Este Congreso debe ocuparse, al menos, de siete ejes: democratización y transparencia institucionales; inversión nueva en laboratorios, talleres, bibliotecas y aulas; nueva política científica que incluya, por ejemplo: inteligencia artificial, computación cuántica y espacial, robótica, electromovilidad, semiconductores, sustentabilidad, biotecnología, salud, telecomunicaciones y soberanía digital, etc., etc.
Y para recuperar la función social del IPN, fortalecer la relación entre docencia, investigación, industria, medio ambiente y sociedad; articulación estratégica con CINVESTAV, Canal Once, COFAA y organismos vinculados; y una reforma institucional que preserve su carácter público, popular, nacional y soberano. El IPN no nació para obedecer inercias burocráticas, sino para transformar a México. Hoy debe abrirse el camino hacia un nuevo Politécnico Nacional.
Miembro de @PorMXHoy



