Columnas - Fernando Carreño Arrázola

Espías, golpes y pactos secretos: los tentáculos de la CIA en la América Latina

  • Por: FERNANDO CARREÑO ARRÁZOLA
  • 27 AGOSTO 2025
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Espías, golpes y pactos secretos: los tentáculos de la CIA en la América Latina

Cuando el presidente John F. Kennedy fue asesinado en 1963 por Lee Harvey Oswald, un exmarine con simpatías comunistas, el mundo entró en estado de shock. Que un solo hombre pudiera acabar con el líder más carismático de su época resultaba inverosímil para muchos. Desde entonces, la pregunta persiste: ¿actuó Oswald solo o fue parte de una conspiración?

Durante años, las teorías apuntaron en distintas direcciones: la CIA, por su enfrentamiento con Kennedy tras la invasión fallida a Bahía de Cochinos; la URSS, por la Crisis de los Misiles; Fidel Castro, por los intentos estadounidenses de asesinarlo; incluso la mafia. En 1992, la presión por saber la verdad llevó al Congreso de Estados Unidos a aprobar una ley que exigía la desclasificación progresiva de todos los documentos relacionados con el magnicidio. Aunque Trump detuvo el proceso en 2017, en 2025 liberó el último lote: más de 80.000 páginas que, si bien no cambian la versión oficial, ofrecen una radiografía sin precedentes del intervencionismo estadounidense.

“Esta desclasificación ha sido una especie de regalo para mí”, dice David Barrett, profesor de la Universidad de Villanova, en Pensilvania. “Ahora se confirma, por ejemplo, que el propio Kennedy aprobó una operación de la CIA para irrumpir en la embajada de Francia. Eso cambia la percepción de si la agencia actuaba sola o con respaldo presidencial”.

Barrett también halló evidencia de que Estados Unidos interceptaba las imágenes de satélites soviéticos: “Podían ver lo que los soviéticos estaban observando desde el espacio. Es algo que nunca se había divulgado”.


América Latina, el laboratorio

Peter Kornbluh, investigador del National Security Archive, dice que “lo nuevo no es la existencia de operaciones encubiertas, sino su detalle: presupuestos, nombres de agentes, objetivos concretos”. La CIA participó activamente en el asesinato de Rafael Trujillo (República Dominicana, 1961), instaló micrófonos en la Embajada de Chile tras la elección de Allende (1970) y condujo la Operación Lienvoy desde la oficina presidencial de México. “Ahora sabemos que casi el 50% del personal político en embajadas de Estados Unidos eran en realidad agentes encubiertos”, señala Michael Evans, analista del mismo centro.

Cuba, sin embargo, fue la prioridad. La CIA desarrolló una red que incluía 108 agentes infiltrados en la isla, 83 contratistas, 525 exiliados cubanos y 45 agentes en el extranjero. La Operación Mongoose planeó desde sabotajes industriales hasta atentados con explosivos y bacteriología. En 1963, ejecutaron 31 operaciones de espionaje en instalaciones diplomáticas cubanas y coordinaron 60 ataques a barcos cubanos.

Un informe de ese año revelaba que, tras la crisis de los misiles, Fidel Castro “perdió poco prestigio” en la región. Los exiliados cubanos en Venezuela, en contraste, mostraban abierta desilusión con los pocos resultados de la intervención estadounidense.

Los tentáculos de la CIA se extendían por todo el continente, adaptándose a los contextos locales con una lógica de guerra encubierta y persistente, donde la ideología comunista servía como justificación para todo tipo de interferencias.

México y la Operación Lienvoy

Claire Dorfman, también del National Security Archive, explica que el Gobierno de Adolfo López Mateos propuso en 1958 colaborar institucionalmente con la CIA para espiar a diplomáticos soviéticos y cubanos. “La condición era incluir también a otros enemigos de Estados Unidos, como figuras culturales mexicanas consideradas subversivas”, indicó. La vigilancia incluyó al muralista David Alfaro Siqueiros y otras figuras de izquierda. Lienvoy habría continuado hasta los años noventa.

Iglesias, golpes y alianzas

Otro hallazgo relevante es el nivel de colaboración con el Vaticano. “Documentos confirman reuniones entre la CIA y los Papas Juan XXIII y Pablo VI. No hay pruebas de uso del Banco Vaticano para mover fondos, pero sí existía una comunicación directa y fluida”, explicó Kornbluh.

En Chile, la CIA financió la campaña de Eduardo Frei en 1964 con más de 2 millones de dólares para impedir el triunfo de Allende. “La preocupación era que si Allende ganaba democráticamente, nadie lo saca de la presidencia”, justificó Richard Helms, exdirector de la CIA. Entre 1970 y 1973, la agencia destinó otros 11 millones a desestabilizar su Gobierno.


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