Expectativas de la economía y crecimiento del gasto
La economía mexicana ha registrado bajos niveles de crecimiento durante las últimas décadas, y las perspectivas apuntan a que esta tendencia continuará. En los Precriterios de Política Económica para 2027 se estima que, en 2026, el Producto Interno Bruto (PIB) crecerá entre 1.8 y 2.8 por ciento; para 2027, se prevé un aumento de entre 1.9 y 2.9 por ciento. En contraste, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta un crecimiento de 1.6 por ciento para 2026 y de 2.2 por ciento para 2027, mientras que el Banco de México revisó sus expectativas y estimó un crecimiento de 1.1 por ciento para este año y de 2.0 por ciento para el siguiente.
Por donde se observe, es muy probable que continuemos con crecimientos bajos y, en entornos internacionales competitivos y complejos, se ve muy difícil remontar ese panorama porque para crecer se necesitan ritmos de aumento consistente por arriba del 5 por ciento del PIB. Las contribuciones de la inversión privada si bien a corto plazo impulsan la actividad económica a mediano y largo plazo, no generan las condiciones necesarias para un sostenido avance productivo.
La importancia que adquiere el gasto público en la demanda agregada de la economía debe ser determinante, más en una economía donde el sector de inversión privada se enmarque en aquellas condiciones que le sean propicias para su desarrollo, de ahí que el Estado debe promover activamente una planificación económica acompañada de un aumento consistente del gasto público de carácter productivo y se oriente a las actividades de innovaciones tecnológicas, lo cual implica un reto de lo que realmente queremos ser en materia productiva con una tecnología de avanzada para las próximas décadas.
En este contexto de bajo crecimiento, la participación del gasto público debe tomar especial importancia, si consideramos como indicador la participación del mismo con respecto al PIB, identificamos que ha estado fluctuando entre 22 a 26%. Para que realmente tenga una contribución significativa debe ampliar su participación en lo que respecta al gasto productivo; si este mismo se orienta a las necesidades de desarrollo económico productivo, podrá sostener el creciente gasto social. Si no logra remontarlo, y sigue baja la participación del gasto público productivo, el gasto social podría ser insostenible a mediano y largo plazo. Se observa que en los Precriterios de Política Económica para 2027, la participación del gasto público neto con respecto al PIB, se estima que será del 26.8 por ciento, mientras que para 2027 se reduce a 25.2 por ciento, lo cual indica que falta aumentar más la participación del gasto público productivo, el cual se estima su participación, para este año, de apenas 3.2 por ciento con respecto al PIB, insuficiente para un crecimiento sostenido alto.
Los planes contemplados por el gobierno comprenden el Plan México y el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar, los cuales son un avance; sin embargo esta planificación debe traducirse en una orientación que implique un esquema hacia el fomento de industrias innovadoras en tecnología, creando planes en torno a la implementación de empresas públicas que crean desarrollo tecnológico propio, de otro modo seguiremos dependiendo y supeditados completamente del exterior. Requerimos pensar en una soberanía tecnológica, y el modelo chino es un ejemplo de lo que puede hacer un país que se propone innovar y trascender en esta era de digitalización, robótica e inteligencia artificial.
*Profesor de la Facultad de Economía, UNAM e integrante del Centro de Análisis de Coyuntura Económica, Política y Social (CACEPS).
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