Columnas - Dra. Yirla Paola García López

´Insomnio crónico: la epidemia silenciosa de los tiempos modernos´

  • Por: DRA. YIRLA PAOLA GARCÍA LÓPEZ
  • 28 JULIO 2025
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´Insomnio crónico: la epidemia silenciosa de los tiempos modernos´

Vivimos en una era en la que el acceso a la información es inmediato, los estímulos visuales y sonoros nunca cesan, y la productividad parece haberse convertido en el nuevo sinónimo de valor personal. En medio de todo esto existe un problema creciente, silencioso y profundamente debilitante: el insomnio crónico. Dormir mal no sólo nos hace despertar de mal humor. La falta de sueño reparador afecta nuestra salud física, mental y emocional. Y lo más alarmante es que esta condición, que muchas veces se normaliza o minimiza, se está convirtiendo en un problema de salud pública mundial. El insomnio es hoy, sin duda, una epidemia invisible que se arrastra entre nuestras rutinas y pasa desapercibida, hasta que sus consecuencias se vuelven ineludibles.

¿Qué es el insomnio crónico? 

El insomnio se define como la dificultad persistente para iniciar o mantener el sueño, o bien, despertar antes de lo deseado, acompañado de sensación de no haber descansado adecuadamente. Cuando esto ocurre, al menos tres veces por semana durante tres meses o más, se clasifica como insomnio crónico. A diferencia del insomnio ocasional, que todos podemos experimentar por estrés puntual o cambios en la rutina, el insomnio crónico interfiere con el funcionamiento diario, deteriora la calidad de vida, aumenta el riesgo de enfermedades y afecta profundamente el bienestar emocional.

¿Por qué dormimos cada vez peor? 

El sueño, como cualquier otra función fisiológica, está regulado por el cerebro y responde a múltiples factores: hormonales, emocionales, ambientales y conductuales. Hoy en día muchos de estos factores están alterados por el estilo de vida moderno. Algunos de los más frecuentes son los siguientes:

· Uso excesivo de pantallas antes de dormir (celulares, tabletas, televisión).

· Altos niveles de estrés y ansiedad.

· Consumo elevado de cafeína o sustancias estimulantes.

· Rutinas irregulares de sueño y vigilia.

· Condiciones médicas subyacentes (como depresión, dolor crónico o apnea del sueño).

· Trabajo nocturno o por turnos rotativos.

Además, el ruido, la luz artificial, la sobrecarga de información y la presión social por estar "siempre disponibles" contribuyen a una desconexión progresiva con nuestros ritmos naturales de descanso.

Efectos del insomnio en la salud: Dormir mal no es un problema trivial. La ciencia ha demostrado que el insomnio crónico está relacionado con un mayor riesgo de hipertensión arterial, obesidad y diabetes tipo 2, trastornos del estado de ánimo como ansiedad y depresión, deterioro cognitivo (falta de concentración, fallas de memoria), bajo rendimiento laboral y escolar, accidentes laborales y de tránsito por fatiga. Además, en personas con enfermedades crónicas, la falta de sueño dificulta el control adecuado de su padecimiento, afectando su evolución y calidad de vida.

¿Qué podemos hacer? 

La buena noticia es que el insomnio es tratable y muchas veces no se requiere medicación para mejorar el sueño, sino cambios conscientes en nuestros hábitos. A esto se le llama higiene del sueño, e incluye acciones como éstas:

· Establecer una hora fija para dormir y despertar, incluso fines de semana.

· Evitar pantallas, al menos una hora antes de dormir.

· Crear un ambiente adecuado: habitación oscura, silenciosa y fresca.

· No consumir cafeína, alcohol ni alimentos pesados en la noche.

· Realizar actividad física regular, pero no cerca de la hora de dormir.

· Usar la cama sólo para dormir (evitar trabajar, ver TV o usar el celular en ella).

· Aprender técnicas de relajación, como respiración profunda o meditación guiada.

Si el problema persiste es recomendable acudir con un profesional de la salud. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) ha demostrado ser altamente efectiva, más incluso que los medicamentos en muchos casos.

Reflexión final 

El insomnio crónico no sólo nos roba el sueño, nos arrebata la energía, el equilibrio emocional, la claridad mental y, en muchos casos, la salud. Es una condición que se esconde en la cotidianeidad, normalizada por un estilo de vida que aplaude el sacrificio del descanso en nombre de la productividad. Pero dormir no es un lujo, es una necesidad biológica, tan vital como comer o respirar. Aprender a valorar el sueño como un pilar de la salud integral es un acto de autocuidado profundo y una forma de resistencia ante una cultura que muchas veces ignora los ritmos naturales del cuerpo. En un mundo que vive acelerado, dormir bien se convierte en un acto de amor propio, en una forma de reconectarnos con lo esencial. Porque sólo cuando descansamos bien podemos vivir con plenitud, tomar mejores decisiones y cuidar de los demás desde un lugar más humano y presente.

Que esta columna sea una invitación a hacer del descanso una prioridad diaria. Porque la salud no se construye sólo con medicamentos, sino también con horas de sueño reparador y respeto por nuestro cuerpo.

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