Dicen que en política no hay casualidades.
Pero vaya cadena de escándalos que se desató, casualmente, después de que Morena designó a sus coordinadores en las 17 entidades que tendrán elecciones para gobernador el próximo año.
Primero, la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, terminó renunciando en medio de un escándalo de contratos millonarios, presuntas irregularidades, proveedores favorecidos y señalamientos que alcanzaron a funcionarios, familiares y personas de su entorno.
También salieron a relucir relaciones personales y desencuentros amorosos.
La Auditoría Superior de la Federación abrió una investigación.
La renuncia no borra lo ocurrido ni responde las preguntas.
Después vino Chihuahua.
La investigación por la presencia de agentes de la CIA en un operativo contra un narcolaboratorio y el proceso contra el exfiscal César Jáuregui pusieron a la gobernadora Maru Campos bajo presión.
En medio de ese pleito, Campos señaló a Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Montiel lo negó y anunció acciones legales.
No afirmo que los dos escándalos formen parte de una operación coordinada.
No tengo pruebas para decirlo.
Pero después de tantos años en seguridad, uno aprende a desconfiar de las coincidencias demasiado oportunas.
Mi intuición policiaca me dice que detrás de esta cadena puede haber una guerra interna en Morena que ya salió a la superficie.
La disputa por el poder suele sacar lo peor de quienes se sienten desplazados.
Cuando se reparten candidaturas y posiciones, los agravios encuentran salida.
Y cuando alguien cree que le tocó menos de lo que merece, empieza a hablar, a filtrar y a exhibir.
En palabras menos elegantes: los que no están de acuerdo con el reparto del botín se vuelven soplones.
Y una vez que alguien abre la boca, los demás no se quedan cruzados de brazos.
Vienen la revancha y el ajuste de cuentas.
Ya hay bajas políticas.
Si esta hipótesis tiene algo de cierto, esto no se va a acabar con el primer escándalo.
Quien hoy filtra puede aparecer mañana como acusado en otra filtración.
Mientras tanto, las autoridades parecen espectadoras.
Un día sí y otro también circulan señalamientos, audios, videos y versiones en las plataformas y en los medios.
Pero de quienes deberían investigar se escucha poco.
Pareciera que el temor está más en lo que puedan hacer las autoridades al otro lado de la frontera que en aclarar los hechos aquí.
No todo lo que circula es cierto.
Una filtración no prueba un delito y una acusación no reemplaza una investigación.
Pero tampoco se puede llamar "guerra sucia" a todo y dar por cerrado el asunto.
Si hay elementos, que se investiguen.
Para eso están las autoridades.
A los ciudadanos nos queda el hartazgo.
Cada día aparece un nuevo señalamiento, pero las investigaciones no avanzan al mismo ritmo.
Y mientras unos se acusan, se deslindan y amenazan con denunciarse, la sospecha crece y la confianza se sigue hundiendo.
Las 17 coordinaciones ya quedaron definidas.
Ahora empieza la pelea por lo que viene.
Veremos quién sigue.
Con tanto agravio guardado, no parece que la lista vaya a ser corta.



