La historia que se repite: la epidemia de sarampión

En 1990, la periodista amiga Sara Lovera me invitó a hacer uno de los mejores trabajos que me hubiera tocado como reportero de LaJornada: investigar periódico a periódico cuál era la dimensión de la epidemia de sarampión que afectó a la población entre 1989 y 1990, la cual causó la mortalidad de más de 6 mil niños y enfermó a otros 70 mil, al menos en los registros oficiales reconocidos.
Y menciono que registros reconocidos porque muchos años después supe por funcionarios de buen nivel que la Secretaría de Salud carecía de una estructura epidemiológica robusta para llevar la estadística y anticipar epidemias como la ocurrida en aquellos años.
Más aún, los funcionarios dijeron que habían logrado tener una dimensión de lo ocurrido con la epidemia por la estadística que publicó LaJornada.
Todo empezó porque los corresponsales en los estados empezaron a enviar diariamente información de niños muertos y enfermos por el sarampión que reportaban las secretarías de salud de las entidades.
Lo que Sara me compartió que hiciéramos es que nos metiéramos a hacer una contabilidad basada en los reportes de los corresponsales. Fueron muchas horas, durante varios días.
Era una investigación hemerográfica, al viejo estilo reporteril y de las escuelas en que, de modo lejano, se pensaba en las búsquedas por internet.
Las cifras nos arrojaron miles de enfermos y fallecidos, sin duda.
La nota se publicó como principal durante dos días. Se hizo evidente lo que la autoridad sanitaria no tenía en números.
Y es que muchos, muchísimos de los casos quedaron como subregistros. Es decir, los partes médicos sobre muertes anotaban que el fallecimiento de los niños había sido por "calentura". No me lo cuentan: lo ví durante un recorrido por la sierra de Chiapas, entidad donde se registró la mayor cantidad de muertes, junto con Oaxaca, Guerrero y Puebla.
Eso es lo que se reportaba entonces a epidemiología. No que eran casos de sarampión.
Al cabo de los años se supo que no se habían adquirido las vacunas contra el sarampión y, por tanto, no hubo vacunación masiva o fue insuficiente.
La reacción de la autoridad fue crear el Consejo Nacional de Vacunación, establecer las semanas nacionales de salud y robustecer las áreas de registro epidemiológico.
La historia se repite. México enfrenta otra epidemia de sarampión por insuficiente vacunación.
Los datos oficiales señalan que entre finales de 2025 y lo que va de 2026 ha habido 25 muertes y más de 7 mil contagios.
Pero es probable que haya nuevamente un subregistro. Rodrigo Romero, coordinador de la Asociación Mexicana de Vacunología señala que, de acuerdo con la literatura médica, por cada muerte hay mil contagios porque muchos casos no son atendidos por un médico.
La razón es doble: entre 2021 y 2023 el nivel de vacunación fue insuficiente porque no se no hubo la cobertura o por falta de vacunas.
Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2024, en ninguna de las vacunas consideradas en el programa nacional se consiguió la meta de vacunación establecida.
La cobertura alcanzada en niñas y niños menores de cinco años con la triple viral (sarampión, rubeola y parotiditis) fue de 71.3 por ciento, cifra insuficiente e incluso inferior en cuatro puntos porcentuales a la alcanzada en 2012. Tercero, en el caso de los niños de 23 meses y menores, la cobertura con el esquema completo fue de 45.6 por ciento, cifra siete puntos porcentuales menor a la de 2012.
¿De quién es responsabilidad? ¿De las familias o las instituciones? Es lo que menos importa ahora. El hecho es que la epidemia avanza. En Jalisco ya cerraron escuelas. Chihuahua enfrenta el mayor número de casos. Y Tamaulipas está entre las 10 entidades más afectadas, con 12 casos.
La vacunación es responsabilidad compartida. Por lo pronto, ahora lo que importa es evitar los contagios.



