¿Les dan asco los periodistas y los quieren inhibir y callar?

Quizá les sirvan algunos apuntes.
O tal vez no. De hecho, lo más probable es que no: nunca he tenido la menor esperanza de convencer a personas con almas autoritarias, tampoco a gente con tentaciones dictatoriales, mucho menos a mujeres y hombres con espíritus inquisidores, y de personalidades narcisistas, mejor ni hablemos.
De cualquier manera, participo en el debate sobre la “regulación de los medios” y la “protección de sus audiencias” con estas cinco anotaciones que me dictaron en Kinder 2 y Preprimaria 1:
-A los medios de comunicación NO se les regula.
Eso no es democrático.
Es el primer paso que conduce hacia un sendero silenciador que acabará muy-muy mal para todos.
Las zonas de silencio, como las que imponen los caciques políticos y los narcos, socavan la democracia.
-Los medios (prensa, radio y televisión) se regulan solos. Punto.
-Si los medios y los periodistas no se regulan a sí mismos, las audiencias los regularán.
¿Cómo?
Diría un connotado líder conservador: “El pueblo no es tonto”.
Tiene toda la razón: cuando un medio miente de forma contumaz o tergiversa la información, y es desmentido rotundamente una y otra vez, pierde credibilidad, pierde lectores, pierde audiencia, pierde rating porque desechó la honestidad y el rigor y la gente lo percibe.
Cierto, a veces eso dilata mucho tiempo en ocurrir (ahí está ese viejo columnista impresentable que no sólo conserva su espacio impreso sino que ahora está en la tele a pesar de sus mil mentirotas), pero no desespere, créame que tarde o temprano va a suceder, lectora-lector.
Podría poner varios ejemplos ahora mismo de cómo algunos medios y articulistas se han ido hundiendo en la ignominia, pero no vale la pena: usted habrá visto a dichos medios y a no pocos de esos comentaristas naufragar en sus embustes, e incluso se habrá enterado de algunos que, por falsarios, ya han desaparecido de la faz del periodismo.
-Ningún gobierno democrático regula a los medios o a los periodistas.
Vaya, ni siquiera se atreve a pensar en semejante barbaridad.
Es una osadía inadmisible.
Una tentación oscurantista.
Un desplante autoritario, aunque esté disfrazado de supuestas buenas intenciones “para proteger a las audiencias”.
¿Enfurecen los personajes tipo Salinas Pliego con sus campañas de embustes?
Sí, pero más bien dan pena ajena.
-Gobierno que pretende regular a medios o periodistas es inquisidor.
Digan lo que digan, desde Palacio Nacional sí pretenden inhibir.
Lo saben esas funcionarias y esos burócratas que redactaron los lineamientos y que salivan para convertir su idea en ley, y lo sabemos nosotros, los periodistas, incluidos los neo chayoteros que defienden hasta la ignominia semejante arrebato que tiene toda la esencia del conservadurismo más rapaz y el sello de las izquierdas más absolutistas.
A Jesús Ramírez Cuevas, Pepe Merino, Jenaro Villamil y Luisa María Alcalde Luján los van a premiar.
Fueron ellos los de la idea,
¿cierto?
Daniel Ortega, el más acabado traidor de la revolución sandinista, los va a condecorar.
Kim Jong-un, también.
Lo mismo Vladímir Putin.
Nayib Bukele, igual.
Y por supuesto, el priista Alejandro Moreno, que alguna vez ya explicó cómo hay que matar a los periodistas en estos tiempos.
Bravo, camaradas.
¿O fue la Presidenta la autora intelectual de esta ocurrencia?
Bajo fondo
“La televisión privada da asco y la prensa privada da mucho más asco”, espetó esta semana un innombrable pero muy connotado (y macho) miembro del politburó 4T.
Supongo que en Morena aspiran a que él regule a los medios y que al mismo tiempo sea el gran defensor de las audiencias.
Chido.



