Columnas - Héctor L. Zarauz López

Los veneros del Diablo

  • Por: HÉCTOR L. ZARAUZ LÓPEZ
  • 16 MARZO 2026
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Los veneros del Diablo

El pasado 4 de enero el mundo se enteró, impávido, de las acciones bélicas por parte de los Estados Unidos a la República Bolivariana de Venezuela. Éstas consistieron en el ataque armado de varias regiones de ese país, el asesinato de alrededor de 100 personas, un número superior de heridos, la destrucción de viviendas e instalaciones educativas, con el fin último de secuestrar a Nicolás Maduro, presidente electo de ese país, y a su esposa, la señora Cilia Flores.

Tal operativo fue la secuela de otras tantas agresiones ejercidas por el gobierno estadounidense encabezado por Donald Trump, desde que asumió el poder por segunda ocasión en el mes de enero del 2025, y que han ido desde las amenazas, el bombardeo de lanchas, ataques armados a Caracas, los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, y la confiscación de barcos petroleros, bajo el argumento de que el gobierno venezolano constituía un peligro para la seguridad de los ciudadanos estadounidenses al ser Maduro, la cabeza visible de actividades ilícitas ligadas al narcotráfico como líder del cartel de "Los Soles" (que luego se aceptó es inexistente), además de acusar al presidente venezolano de ser un "tipo violento" que habría matado y torturado a millones de personas, constituyendo a Venezuela en una dictadura que tiranizaba a sus habitantes.

Al no haber probado estas acusaciones, que de hecho se han visto modificadas en el curso de los días, ha aflorado el verdadero fondo de estas acciones que claramente violan los fundamentos más elementales del derecho internacional y de respeto a la autonomía de los países, según queda inscrito en la Carta de las Naciones Unidas, institución hoy reducida al indecoroso papel de espectador de las atrocidades que cometen los Estados Unidos en todo el planeta (recordemos que otra inaceptable omisión es la relativa al genocidio del pueblo palestino).

De tal forma el propio presidente Trump manifestó que el gobierno de Venezuela estaría obligado a entregarle hasta 50 millones de barriles de petróleo. Para abonar a esa idea Trump señalaría, que la industria petrolera venezolana había sido desarrollada por compañías estadounidenses y en consecuencia el petróleo venezolano pertenecía a los Estados Unidos, vale recordar que la industria petrolera en Venezuela fue nacionalizada en 1976, por el presidente Carlos Andrés Pérez.

Después de tales eventos invitaría a los capitalistas petroleros para apoderarse del petróleo venezolano, "recuperar" esos recursos energéticos para los Estados Unidos y así detener la expansión económica de China. Así pues, no es casual el hecho que varias de estas compañías hubieran hecho generosas aportaciones económicas a la campaña presidencial y al gobierno de Trump, entre ellas Chevron, Exxon-Mobil, Occidental Petroleum Corp., y otras más.

Con ello se evidenciaría que el fondo de estas acciones está la apropiación de los bienes de otras naciones, en este caso el petróleo venezolano, y frenar la expansión económica de China por la vía de la amenaza y la fuerza.

En ese sentido es muy sintomático que Trump, desde el 2025, cínicamente haya planteado revitalizar la Doctrina Monroe (emitida por James Monroe, quinto presidente de Estados Unidos en 1823) para justificar el expansionismo estadounidense a costa del resto del continente americano, e inhibir la presencia de cualquier otra potencia.

He aquí, además del narcicismo fundamentalista de Trump, el verdadero fondo de sus acciones. De tal suerte que en esta doctrina "Donroe" como la ha llamado, se plantea de una manera más agresiva, basada en la superioridad militar, el considerar en términos geopolíticos al continente americano como el patio trasero de los Estados Unidos, en el aspecto económico justificar la extracción de bienes y recursos, por lo cual sería legítimo expulsar a cualquier país que sea un contendiente.

Ejemplos fehacientes de ello van desde la polémica iniciativa de renombrar el Golfo de México como Golfo de América, pasando por los deseos y acciones manifiestas para retomar el control del Canal de Panamá, la idea de convertir a Canadá en un estado más de la llamada Unión Americana, hasta apropiarse del petróleo venezolano y, más recientemente, apoderarse de Groenlandia, sin contar el abierto intervencionismo en los procesos electorales de Argentina, Chile, Honduras y Perú, y la reciente reactivación del criminal asedio a Cuba.

Por si existiera alguna duda al respecto queda la imagen del 7 de marzo pasado, no exenta de servilismo patético, de la reunión llamada "Escudo de las Américas" en la cual Trump, ante 12 mandatarios identificados como derechistas y aliados incondicionales de los Estados Unidos, proclamó sus deseos de intervencionismo militar en el Continente bajo el pretexto de combate al narcotráfico.

Se postula pues un retorno al expansionismo más primitivo es el extractivismo salvaje, basado en la fuerza y desde luego no en el derecho y la civilización. Es una política que viola cualquier principio del derecho internacional pero que tiene el avieso fundamento económico, pues China (que por cierto no ha invadido a ningún país), se ha convertido en el socio económico emergente más importante de América Latina, siendo el principal comprador de petróleo de Venezuela, potencial inversionista de un canal en Nicaragua, financiante de la ampliación del canal de Panamá, mayor consumidor de cereales provenientes de Brasil y Argentina, o de cobre chileno.

Con ello queda desenmascarada la gran mentira estadounidense, no es el narcotráfico, no es la democracia, mucho menos los derechos humanos, el fondo, una vez más, es el petróleo.

El petróleo ha dado motivo, a todo tipo de presiones y estrategias para apoderarse de este energético, a continuación, señalamos algunos ejemplos de los atropellos colonialistas cometidos en nuestro continente, empezando por la intervención de las potencias (EU y Gran Bretaña) en los años 20´s del siglo pasado en Venezuela, Argentina, Guatemala, Bolivia y Colombia en contra de legislaciones nacionalistas.

Entre 1932 y 1935 la Standard Oil instigó la llamada guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia a fin de apropiarse de supuestos yacimientos. En 1941 las compañías habrían instigado un conflicto entre Ecuador y Perú por apropiarse territorios petroleros. Otra modalidad del intervencionismo se manifestaría en golpes militares como el auspiciado en 1975 en Perú al deponer al gobierno nacionalista de Juan Velasco Alvarado, para que no afectara los intereses de las compañías petroleras.


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