Columnas - Alejandro Caballero

Permanentemente bajo el escrutinio público

  • Por: ALEJANDRO CABALLERO
  • 08 JULIO 2026
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Permanentemente bajo el escrutinio público

Los acontecimientos recientes en torno a Brando Deándar y las versiones que circularon sobre una supuesta pistola con la que presuntamente habría amenazado a una persona volvieron a poner sobre la mesa una realidad innegable: quien dirige un medio de comunicación de gran influencia vive permanentemente bajo el escrutinio público. En un entorno donde la información viaja a la velocidad de un clic, una acusación, una fotografía o un video pueden convertirse en tendencia antes de que existan todos los elementos para comprender lo sucedido.

La naturaleza de su trabajo lo convierte, inevitablemente, en blanco de críticas, ataques y confrontaciones. No significa que todo señalamiento sea falso ni que toda acusación sea verdadera; significa que el juicio público suele llegar mucho antes que el judicial. Ese es el precio, para bien o para mal, de ocupar una posición de relevancia en la opinión pública.

Cuando Brando Deándar me invitó a formar parte del equipo que dio vida a Focus Radio 1670 AM, tuve la oportunidad de conocer desde dentro la operación de un medio de comunicación coordinado por él , ya que mi experiencia me había llevado siempre por la comunicación de Estado y/o Pública . También pude tratarlo en un plano más personal.

 Descubrí a una persona de carácter fuerte, exigente y con una personalidad que no siempre resulta sencilla para quienes trabajan a su alrededor. Es directo en sus opiniones y, en ocasiones, esa firmeza puede interpretarse como dureza. Sin embargo, también es alguien apasionado por los proyectos que emprende y convencido de sus ideas, cualidades que suelen acompañar a quienes ocupan posiciones de liderazgo.

Como cualquier figura pública, sus virtudes y defectos quedan expuestos con mayor intensidad que los de la mayoría de las personas. Esa es precisamente la razón por la que resulta importante separar las diferencias personales de los hechos, y permitir que cualquier investigación siga su curso sin convertir las redes sociales en un tribunal definitivo.

Vivimos una época en la que la inteligencia artificial y los teléfonos inteligentes han democratizado la comunicación. Hoy cualquiera puede grabar, editar, publicar y opinar. Esa revolución tecnológica ha dado voz a millones de personas, pero también ha abierto la puerta a la desinformación, la manipulación y los juicios precipitados. Las mismas herramientas que sirven para denunciar injusticias también pueden utilizarse para destruir reputaciones sin pruebas suficientes. La tecnología es, sin duda, una espada de doble filo: en ella convivimos por igual quienes buscamos informar con responsabilidad y quienes encuentran en el caos una oportunidad. 

El reto de nuestra generación no consiste en frenar el avance tecnológico, sino en aprender a utilizarlo con prudencia, ética y sentido crítico.

Todos tenemos derecho a una reputación.


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