Columnas - Ricardo Monreal Ávila

Persistencia

  • Por: RICARDO MONREAL ÁVILA
  • 17 MARZO 2026
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Persistencia

Homero narró en "La Ilíada" el sitio de Troya durante diez años. Hablamos de una metáfora de la obstinación humana por la guerra y de la fragilidad de las murallas cuando la violencia se convierte en destino.

Hoy, ante el conflicto en Irán, resulta imposible no pensar en una nación sitiada, golpeada desde el aire, que resiste en medio de un asedio global. Pero no se trata de cualquier país, sino del heredero de Persia, cuna de una de las civilizaciones más antiguas y poderosas de la humanidad.

Este fin de semana, el conflicto escaló dramáticamente. Los bombardeos masivos en Teherán y en la isla de Kharg, ejecutados por Estados Unidos (EU) e Israel, dejaron una estela de destrucción que se suma a semanas de violencia creciente.

Al mismo tiempo, Israel intensificó operaciones militares en distintos puntos de la región. Los ataques en el Líbano han provocado cientos de víctimas civiles, mientras que la tensión se extiende hacia Irak y Siria. Lo que comenzó como un enfrentamiento directo entre potencias regionales ha ido transformándose en un conflicto con múltiples frentes, donde cada parte parece medir fuerzas con cautela, pero sin retroceder.

Pero las guerras no se miden únicamente por los mapas militares. También se reflejan en lugares donde el eco de las bombas no llega, aunque sus consecuencias sí. Cuba, por ejemplo, atraviesa una de las crisis más complejas de los últimos años: apagones masivos, escasez de combustible y carencias de alimentos y medicinas.

México observa los acontecimientos con atención, pero también con responsabilidad. La postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara, al condenar la violencia indiscriminada, defender el derecho internacional y apostar por la diplomacia como única salida duradera.

Sin embargo, hay una pregunta que va más allá de los análisis geopolíticos: ¿a quién beneficia que esta guerra se prolongue? Para algunos actores, un conflicto prolongado puede significar reposicionamiento regional, contratos millonarios en la industria armamentista o ventajas económicas en el mercado energético. Para otros, en cambio, solo significa devastación.

La historia nos enseña que ningún asedio es eterno. Pero también recuerda que la paz no llega sola, se construye con voluntad política y con una convicción profunda de que la vida de los pueblos vale más que cualquier cálculo estratégico.


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