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¿República Educadora?Opinión

¿República Educadora?Opinión

Actualizado: 26 de Septiembre, 2026, 09:44 AM

Distinguir entre educar y escolarizar se vale, se puede y es necesario. Estos procesos sociales, ¿están relacionados? Sí. Con frecuencia, y de manera intensa, pero no merced a una propiedad "metafísica" que los obliga a hacerlo. No son sinónimos, ni alguno es condición de posibilidad del otro: es decir, su vínculo no está dado per se. Ocurre como producto de un esfuerzo inteligente de quienes están involucrados en ambos. De lo que se sigue que también puede darse el caso que la relación sea muy poca o tienda a cero.

Operan con estrategias diferentes, y es importante diferenciarlos para conseguir que, al vincularse, se potencien.

¿Hay experiencias educativas que ocurren fuera, y con independencia, de la escuela? Por supuesto. Son muchísimas. Baste un ejemplo: Juana, antes de ir a la escuela, fue educada por sus compañeros del parque en la prevalencia del valor de respetar el orden al subirse a la escalera de la resbaladilla. 

¿Se dan esfuerzos de escolarización sin (casi) contenido educativo? Claro que sí y, para nuestro pesar, no son pocos. Se puede estar inscrito en una escuela y pasar años sin vivir una oportunidad educativa relevante, y fuera de las aulas, sin pupitres de por medio, hay experiencias educativas cruciales.

Me atrevo a proponer, sin afán de novedad y menos exhaustivo, unos aspectos incluidos en lo que contiene la noción educadora: educar está dirigido a construir, con esfuerzo y solvencia, sistemas ordenados de comprensión del mundo en que vivimos, y hacernos preguntas al respecto de su evolución en la relación ineludible de naturaleza, sociedad y tiempo: leer al mundo a través de las letras, el arte y la observación inteligente, arropada en la lógica, y en medio de la construcción de un nosotros que se entreteje en la diversidad. Eso es aprender.

Escolarizar, por su parte, tiende a orientarse a conseguir que quienes tengan cierta edad cuenten con un lugar en una forma peculiar —arquitectónica y programada— a la que llamamos escuela, y en la que esperamos que ocurran, cada día, oportunidades de aprender. La escolarización se refleja en las estadísticas y la creación de nuevos senderos para llegar a un pupitre, material o virtual.

Una forma de aceptar la enorme provocación intelectual de Iván Ilich en cuanto a imaginar una sociedad "desescolarizada", consiste, creo, en entender que vivir en sociedad educa, de tal manera que se quiebre una posible posición monopólica de la educación reducida a los ámbitos escolares. ¿En la escuela no se aprende? Claro que sí, pero de un modo programado: si la planeación de la actividad que propongan los docentes inicia con la toma de consciencia del contexto en que se vive, la acción educativa tiene mejores condiciones para su desarrollo. No puede ser uniforme un proyecto, y solo uno, en todo el país. Ese centralismo es estéril en cuando a aprender, aunque luce mucho en los informes políticos. La escuela haría bien en abrirse a las experiencias de aprendizaje externas a sus linderos, para ahondar en su comprensión. 

Así se hace en muchas partes del sistema educativo nacional, pero hay amplio margen para enriquecerlo.

Contar con una República Educadora es un reto serio, al que se comprometió la Presidenta. Hay que cuidar que no se reduzca a una República Escolarizadora: más lugares, becas y modalidades de acceso al pupitre sin la garantía de un aprendizaje valioso, es reducir el alcance de una política general para la educación en el país. No es un gasto: es una inversión crucial para México.