Columnas - Pensándolo bien

¿Tras Colombia sigue México? ¿Morena en riesgo?

  • Por: JORGE ZEPEDA PATTERSON
  • 25 JUNIO 2026
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¿Tras Colombia sigue México? ¿Morena en riesgo?

Trátese de una tendencia a la derechización o un fenómeno universal que castiga a los candidatos oficiales, el hecho es que en 2027 y 2030 Morena acudirá a las urnas bajo ese ‘handicap’

La victoria del candidato de ultraderecha en Colombia constituye la más reciente derrota de un gobierno popular de izquierda en América Latina, tras los casos de Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Perú, entre otros.

Pero tampoco debemos sacar de proporción la tendencia a la “derechización” que se ha impuesto en América Latina. Es cierto que el continente se está despintando de la ola roja o rosada con la misma velocidad con la que se pintó hace diez o quince años. En realidad parte de la explicación se encuentra en un fenómeno más amplio: los electores están votando en contra del partido que esté gobernando, al margen del corte ideológico que ostente. Según el Pew Research Center en los últimos años el gobierno en función fue derrotado en 70% de los comicios en el mundo. Y en lugares en donde retuvo el poder, lo hizo perdiendo sus mayorías parlamentarias (como es el caso en India, Sudáfrica, Japón y muy probablemente México el próximo año).

Es decir, el signo de los tiempos está marcado por una inconformidad creciente de los ciudadanos con quien ocupa el poder. Mucho tendrán que ver las nuevas redes sociales, el individualismo y la fragmentación en nichos de opinión, el hipercriticismo que caracteriza a la blogosfera con una inclinación que viraliza los contenidos negativos, la velocidad con la que se mueve, la pérdida de influencia de los medios tradicionales usualmente vinculados al poder y formadores de consensos y hegemonías. Todo eso se traduce en una desconfianza puntual respecto a los gobernantes y potencia el atractivo, efímero pero efectivo en las urnas, con el que se presenta todo discurso o perfil antagónico al poder, por más disparatado que sea.

No está ganando la oposición tradicional porque haya convencido al electorado de un proyecto de país diferente al oficial; más bien están asaltando al poder figuras mediáticas con discursos difusos pero sumamente críticos y golpeadores, de contenido simplista pero revestidos con los agravios y emociones que alimentan la inconformidad, sea la migración, la inflación, la corrupción o la inseguridad pública. Temas de muy difícil solución para la fuerza política que gobierne, pero sumamente útiles para cualquier discurso irresponsable que los convierta en municiones.

Esto está sucediendo en todo el mundo. Para desgracia del gobierno de la 4T seguramente también en México. A la postre, trátese de una tendencia a la derechización o un fenómeno universal que castiga a los candidatos oficiales y potencia a los externos, el hecho es que en 2027 y 2030 Morena acudirá a las urnas bajo ese “handicap”.

¿Será decisiva esta desventaja o podrá superarla? En textos anteriores he considerado los factores de fondo que podrían explicar el desencanto de los electores con los gobiernos populares. ¿Cómo entender que sectores mayoritarios que resultaron beneficiados por la derrama social impulsada por estos gobiernos (subsidios, pensiones e incremento de salarios mínimos) terminen votando en su contra? La explicación reside en “los rendimientos decrecientes” de las políticas públicas populares. Sucedió en Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina, Colombia y Chile. Las primeras acciones tienen un efecto inmediato y lucidor. El impulso inicial genera una mejoría en la condición de los pobres. Estadísticamente saca de la miseria a millones de personas. Pero luego surge una especie de bloqueo. Llegado a un punto, el gobierno topa con límites presupuestales para ampliar de manera significativa esas ayudas. Conseguir financiamiento con cargo al endeudamiento o al aumento de impuestos, es un paliativo que permite avanzar un poco más, pero provoca efectos económicos desfavorables. Inflación, salida de capitales, depreciación y estancamiento han sido un flagelo recurrente en varios de estos países. Muchos ciudadanos, incluso entre los sectores más pobres, perciben que la derrama se ha estancado y en cambio sus condiciones de vida se deterioraron por la inflación y la falta de empleo digno. El caso de la CNTE lo ilustra claramente en México.

Pero a esta explicación, que remite a temas estructurales, habría que añadir razones mucho más subjetivas, como las señaladas párrafos antes. La política, y en particular el comportamiento en las urnas, está asociada a percepciones que se nutren de diversas fuentes. Cuando se pierde o se gana por un 1% de los votos, como es el caso en Colombia, y más palpable en Perú con Fujimori con un margen aún más apretado, la diferencia puede atribuirse a un meme oportuno, un lema pegadizo, un escándalo de último momento. En todos estos casos, el más vulnerable suele ser el candidato oficialista.

Los gobiernos populares de izquierda perdieron porque no fueron capaces de poner en marcha la economía y sostener un aumento de la masa salarial, por un lado; pero también porque se hicieron sumamente vulnerables a la inconformidad que domina en la región por la corrupción y la sensación de inseguridad. Al malestar por temas de pobreza e incertidumbre económica, se añade la indignación por escándalos de abusos y enriquecimiento de miembros del partido en el poder y la percepción de la violencia que se vive en las calles. Un fenómeno que también se observa en México.

La conclusión es obvia. Si Morena desea pertenecer al 30% de los partidos en el poder que vencen a la alternancia, tendría que trabajar en todos estos temas. Incluyendo el hecho de que la política electoral efectiva ya no es la de antes. Una de las razones de la derrota de Iván Cepeda en Colombia fue que apostó a mítines y concentraciones, entendió demasiado tarde las causas del malestar, el peso de las redes sociales, el descontento de la población poco politizada y el sentimiento anti gobiernista que recorre al mundo. Lecciones para Morena.





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