โ€”MXN/USD ยท Banxico

Trump, Rusia y Ucrania: ¿diésel por votos?

Trump, Rusia y Ucrania: ¿diésel por votos?

Actualizado: 14 de Octubre, 2026, 08:19 AM

"Hace unos meses le dije al pueblo estadounidense que no cambié armas por rehenes. Mi corazón y mis mejores intenciones todavía me dicen que es verdad, pero los hechos y la evidencia me dicen que no lo es". Con esas palabras, pronunciadas desde la Oficina Oval en marzo de 1987, Ronald Reagan admitía en cadena nacional lo que su gobierno había hecho a espaldas del Congreso durante más de un año: vender misiles a Irán. A cambio, Teherán intercedería por los rehenes estadounidenses retenidos en Beirut.

La urgencia de la Casa Blanca por conseguir un fin político la llevó a armar a un régimen bajo embargo, facilitándole una palanca de presión militar en su guerra contra Irak. La operación significó la entrega de recursos clave a un adversario.

Casi cuatro décadas después, Washington parece estar en un momento similar. La urgencia de Donald Trump por reducir el precio de los combustibles antes de las elecciones intermedias del próximo 3 de noviembre abrió la puerta al levantamiento de las sanciones al diésel ruso, entregando a Vladimir Putin una herramienta de presión que, hasta hace unos días, no tenía.

El viernes pasado, Trump anunciaba, a través de su red social Truth Social, que luego de una llamada con Putin habían llegado a un acuerdo para el suministro de diésel ruso, a lo que siguió el anuncio del levantamiento de sanciones del Departamento del Tesoro estadounidense. Recordemos también que, desde julio, tras los ataques ucranianos a distintas refinerías, Rusia prohibió exportar diésel, en un mercado ya presionado por la guerra con Irán y las interrupciones en el estrecho de Ormuz. Tras el anuncio de Trump, el viceprimer ministro ruso, Alexander Nóvak, anunció que se levantaba esa prohibición. Según Trump, Rusia suministraría de inmediato más de 300,000 toneladas de diésel al mercado estadounidense y global, otras 500,000 en noviembre, un millón más después y 3 millones de toneladas adicionales en poco tiempo.

Una cifra que parecería importante de no ser porque en realidad es insignificante. El total anunciado ronda 4.8 millones de toneladas, unos nueve días de demanda estadounidense. Para Rusia, en cambio, la cuenta es más importante: sus exportaciones de diésel habían caído de más de 800.000 barriles diarios a menos de 200.000 tras los ataques a sus refinerías. Y la licencia alcanza al mercado global, con lo que despeja el riesgo de sanciones para los compradores habituales del diésel ruso.

El acuerdo, además, se alcanza antes de lograr un pacto de paz, unas semanas después de que el propio presidente de Estados Unidos firmara una ley de sanciones contra Moscú (Lindsey O. Graham Sanctioning Russia and Iran Act of 2026), y justo cuando negociadores ucranianos se encontraban reunidos con los enviados especiales de Washington para alcanzar un cese al fuego.

Putin sabe que a Trump se le agota el tiempo, que las encuestas no van bien para los candidatos republicanos. El promedio de Nate Silver daba a los demócratas una ventaja de 8.9 puntos al 7 de octubre por lo que las posibilidades de que los republicanos pierdan el control del Congreso son mayores por cada día que pasa.

Y a todo esto se suma un último elemento legal. En 2022 el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley para Terminar la Importación de Petróleo Ruso, que prohíbe la entrada de energéticos rusos a Estados Unidos, incluido el diésel. Para levantar esa prohibición, el presidente tendría que certificar ante el Congreso, entre otras cosas, que Rusia acordó retirar sus tropas y cesar hostilidades en Ucrania y que reconoce el derecho de los ucranianos a elegir libremente a su gobierno. Nada de eso ocurrió. Más bien al contrario. Si bien la licencia es temporal, el efecto práctico es inocultable: el acceso de diésel ruso al mercado estadounidense y la creación de un precedente de excepción energética sin las condiciones que el Congreso estableció en 2022.

Lo más valioso para Moscú está, sin embargo, en el relato que acompaña al acuerdo. Trump atribuye el alza del diésel a los ataques ucranianos contra refinerías rusas, aun cuando es la guerra con Irán la que presiona los mercados energéticos desde febrero. Con ello el arma económica más eficaz de Kiev en su defensa frente a Rusia se convierte en Washington en la causa de un problema doméstico estadounidense. Por años el Kremlin ha buscado un quiebre político interno en Ucrania, exigiendo incluso elecciones para que Zelensky deje el poder. "Sugiero que busquen un nuevo líder que pueda llegar a un acuerdo", dijo Trump el sábado en la Casa Blanca, una frase que abona a ese objetivo.

En 1986, la Casa Blanca hizo concesiones que facilitaron a Irán mayor presión militar. Hoy, el objetivo de contener los precios de los combustibles antes de la elección le regala a Moscú un balón de oxígeno financiero y una palanca de presión contra Ucrania. Las diferencias entre ambos casos son evidentes, pues Irán-Contra fue una operación encubierta y con armas de por medio. La equivalencia está en la concesión estratégica a un adversario para resolver una urgencia doméstica. Ningún antecedente combina dos elementos que hoy coinciden: un adversario en guerra activa contra un aliado de Estados Unidos y una concesión acompañada de un llamado a cambiar al líder de ese aliado.

X: solange_ 

El levantamiento de las sanciones deja a Ucrania en una posición sumamente delicada. Zelensky calificó la medida como un regalo de cumpleaños para Putin y una muestra de debilidad que le da a Rusia recursos para prolongar la invasión. El alivio para los consumidores estadounidenses será mínimo, lo que deja abierta la interrogante sobre si vale la pena todo el riesgo para un aliado a cambio de tan poco. Quizá la respuesta llegue después del 3 de noviembre.

X: solange_