Columnas - Dra. Yirla Paola García López

¿Una copa al día? El mito del alcohol “bueno para el corazón”

  • Por: DRA. YIRLA PAOLA GARCÍA LÓPEZ
  • 20 JULIO 2026
  • COMPARTIR
¿Una copa al día? El mito del alcohol “bueno para el corazón”

Durante décadas, una idea se instaló en el imaginario colectivo: “una copa de vino al día es buena para el corazón”. Esta afirmación fue repetida en conversaciones familiares, programas de televisión e incluso en algunos consultorios médicos. Para muchas personas, representaba una especie de permiso científico para consumir alcohol con tranquilidad. Sin embargo, la medicina, como toda ciencia, evoluciona. Y hoy sabemos que muchas de aquellas creencias necesitan ser revisadas a la luz de nuevas investigaciones. El alcohol ha acompañado a la humanidad durante miles de años y forma parte de numerosas tradiciones culturales y celebraciones. En México, compartir una bebida suele asociarse con convivencia, amistad y festividades. No obstante, cuando hablamos de salud, es importante separar las costumbres de la evidencia científica. Hace algunos años, diversos estudios observaron que personas que consumían cantidades moderadas de vino tinto parecían presentar menos enfermedades cardiovasculares que quienes no bebían. Esto dio origen a la teoría de que ciertos componentes del vino, como los polifenoles y el resveratrol, ejercían un efecto protector sobre el corazón. 

Con el tiempo, investigaciones más amplias y mejor diseñadas comenzaron a analizar estos hallazgos con mayor profundidad. El resultado fue revelador: muchas de las personas que bebían “moderadamente” también mantenían estilos de vida más saludables. Hacían ejercicio, seguían una alimentación equilibrada, fumaban menos y tenían mejor acceso a servicios de salud. Es decir, el beneficio observado no podía atribuirse exclusivamente al alcohol. Actualmente, las principales organizaciones internacionales coinciden en un mensaje claro: no existe un nivel de consumo de alcohol que pueda considerarse completamente seguro para la salud. Esto no significa que una copa ocasional provoque automáticamente una enfermedad, pero sí implica que el alcohol no debe consumirse con la expectativa de obtener beneficios médicos. Desde el punto de vista cardiovascular, el consumo excesivo de alcohol aumenta el riesgo de hipertensión arterial, arritmias, insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares. Incluso cantidades moderadas pueden favorecer alteraciones del ritmo cardíaco en personas predispuestas, un fenómeno conocido como “síndrome del corazón festivo”, que suele presentarse después de episodios de consumo intenso durante reuniones o celebraciones. Además del corazón, el alcohol afecta prácticamente todos los órganos del cuerpo. 

El hígado es uno de los más conocidos, pero también puede dañar el cerebro, el páncreas, el sistema digestivo y el sistema inmunológico. A largo plazo, incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades hepáticas, pancreatitis y diversos tipos de cáncer, incluyendo cáncer de mama, hígado, colon, esófago y cavidad oral. Uno de los aspectos más importantes que debemos comprender es que el alcohol también influye en la salud mental. Aunque muchas personas lo utilizan para relajarse o disminuir la ansiedad, su efecto es temporal. Después de esa aparente sensación de bienestar, el sistema nervioso experimenta cambios que pueden favorecer alteraciones del sueño, ansiedad y síntomas depresivos, especialmente cuando el consumo se vuelve frecuente. En consulta médica, es común escuchar frases como: “solo tomo una copa para cuidar mi corazón” o “el vino es saludable porque es natural”. Sin embargo, es importante aclarar que los antioxidantes presentes en el vino también pueden obtenerse mediante alimentos mucho más saludables, como uvas, frutos rojos, granada, nueces, verduras y aceite de oliva, sin exponerse a los efectos adversos del alcohol. Otro mito frecuente es pensar que únicamente las bebidas de alta graduación representan un riesgo. En realidad, el componente que produce los efectos sobre el organismo es el etanol, presente en cerveza, vino y destilados. Lo que cambia es la concentración y la cantidad consumida. Esto no significa que todas las personas que consumen alcohol desarrollarán enfermedades. 

El riesgo depende de múltiples factores, como la cantidad, la frecuencia, la edad, el sexo, los antecedentes familiares y la presencia de otras enfermedades. Sin embargo, el mensaje médico actual es claro: si una persona no bebe alcohol, no existe ninguna razón de salud para comenzar a hacerlo. Por otro lado, quienes deciden consumir bebidas alcohólicas deben hacerlo con moderación, evitando excesos y siendo conscientes de que el alcohol nunca debe combinarse con la conducción de vehículos, ciertos medicamentos o situaciones que requieran concentración y coordinación. La verdadera protección cardiovascular sigue dependiendo de medidas ampliamente demostradas: mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de manera regular, controlar la presión arterial, mantener un peso saludable, dormir adecuadamente, evitar el tabaquismo y acudir a revisiones médicas periódicas. Ninguna bebida puede sustituir estos hábitos.

Reflexión final: 

La medicina tiene la obligación de actualizar sus recomendaciones conforme avanza el conocimiento científico, incluso cuando ello implique abandonar creencias profundamente arraigadas. Durante muchos años pensamos que una copa diaria podía ser una aliada del corazón; hoy sabemos que el mejor brindis por nuestra salud sigue siendo el que hacemos con información confiable y decisiones conscientes. Porque cuidar el corazón no comienza en una botella, sino en los hábitos que elegimos cada día. La prevención nunca pasa de moda, pero los mitos, tarde o temprano, deben quedar atrás.


Continúa leyendo otros autores