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Xi en Washington: interdependencia y contención

Xi en Washington: interdependencia y contención

Actualizado: 01 de Octubre, 2026, 08:42 PM

Hace una semana, concluyó la visita de Estado del presidente Xi Jinping a Estados Unidos. La reunión se inauguró el 23 de septiembre con una recepción en la Base Andrews, un honor que ningún presidente había concedido a un jefe de Estado extranjero, salvo a los papas, en más de seis décadas. Sus resultados, en cambio, fueron más modestos.

Los acuerdos alcanzados están lejos de resolver los asuntos centrales de la relación. De acuerdo con el comunicado estadounidense, ambas partes identificaron 30 mil millones de dólares en bienes no sensibles que podrían tener aranceles reducidos. También prorrogaron su tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027, sólo dos meses, mucho menos de lo que esperaban los mercados. Abrieron además un diálogo sobre inteligencia artificial -ahora llamada "Superinteligencia" por la administración Trump- y un canal bilateral para incidentes en la materia. Los temas críticos siguen sin resolverse: tierras raras, chips y Taiwán, que no figuró en ninguno de los dos comunicados finales.

El analista Fareed Zakaria propuso llamar "interdependencia administrada" a una política que diversifica allí donde la dependencia crea una vulnerabilidad inaceptable y conserva los vínculos que benefician a ambos, con barreras de contención que aíslen los conflictos.

La cumbre se ajusta bastante bien a esa lectura. Ambas partes conservan el comercio que no consideran riesgoso, mientras construyen mecanismos para contener los conflictos y ganar tiempo. El objetivo implícito es depender cada vez menos del otro, pero desde el pragmatismo antes que la confrontación abierta: sin arriesgarse, por ahora, a una ruptura que invariablemente implicaría altos costos mutuos.

Esa interdependencia es visible, por ejemplo, en el petróleo: con el conflicto en Irán, sus precios no llegaron a las expectativas iniciales de los especialistas. Una de las probables razones es que China ajustó sus importaciones; en el segundo trimestre compró 32% menos crudo que en el primero. Las decisiones chinas sobre sus compras petroleras contribuyen a determinar las condiciones del mercado energético internacional, con efectos directos en EE. UU.

El esquema, sin embargo, encuentra sus límites en Taiwán. Según el embajador de EE. UU. en China, David Perdue, ambos hablan de las armas para Taipéi cada vez que se ven.

El líder chino pidió a Trump oponerse a la independencia de la isla –dar un paso más desde su posición de "no apoyarla"– y presentó esa postura como el cimiento de la cooperación estratégica. En otras palabras, amarró ese tema a prácticamente todos lo demás. Trump no lo concedió en público, pero evitó reiterar la postura tradicional de "ambigüedad estratégica". En ese contexto, vale la pena considerar que el respaldo público estadounidense al envío de tropas para defender la isla cayó de 52% en 2021 a 38%, según el Chicago Council.

Una relación sostenida, en buena medida, por necesidad, encontró en el eco histórico de 1945 un relato para darle sentido. Trump se refirió a ambos países como aliados en la Segunda Guerra Mundial; Xi recordó que combatieron juntos contra los "militaristas japoneses". Es un pasado común cuidadosamente seleccionado para una relación cuyo presente está marcado por la competencia, con un mensaje directo para la estrategia de rearme de Japón.

En el fondo, el encuentro reforzó la impresión de Beijing parece tener una estrategia de largo aliento mientras Washington tiene una suma de intereses que administra caso por caso. Beijing ordena los temas de la relación alrededor de Taiwán; Washington los separa en los comunicados, aunque inevitablemente los mezcla en la negociación.

Sin embargo, como México sabe por su propia experiencia con la Casa Blanca, quien organiza los asuntos de una relación bilateral también puede terminar fijando sus términos. Por ahora, esa iniciativa parece estar en manos de China.