Río Bravo, Tam.- El mundo cambió. Cambiaron las ciudades, las costumbres y hasta la manera de enterarse de lo que ocurre al otro lado de la calle. Las noticias dejaron de esperar al amanecer y comenzaron a viajar en segundos por teléfonos celulares, computadoras y redes sociales, pero hay algo que el tiempo todavía no ha podido borrar: la figura del hombre que sale a la calle con el periódico en las manos. En Río Bravo, ese hombre tiene nombre y apellido: Alejandro Lara.
Tiene 80 años de edad, 35 de ellos dedicados ininterrumpidamente a distribuir EL MAÑANA, y una historia que se cuenta mejor en las calles que en cualquier pantalla.
Don Alejandro pertenece a una generación que aprendió que las noticias también se llevan caminando, que la puntualidad es una forma de respeto y que detrás de cada ejemplar entregado existe un compromiso con quien espera conocer lo que sucede en su ciudad.
Durante más de tres décadas ha visto pasar generaciones. Algunos de sus clientes envejecieron junto con él; otros conocieron el periódico por sus padres o sus abuelos. Y mientras la tecnología transformaba el mundo de la información, él siguió cumpliendo con su recorrido cotidiano. No importa si hace frío, si el calor aprieta o si la lluvia amenaza con complicar la jornada, don Alejandro continúa saliendo a trabajar, fiel a una rutina que ha convertido la constancia en su mejor carta de presentación.
Cuando la noticia tenía voz
Hubo una época en la que el voceador era parte indispensable del paisaje urbano. Su presencia anunciaba la llegada de las noticias y sus recorridos conectaban al periódico con los lectores.
Era el último eslabón de una larga cadena que comenzaba en las redacciones de los diarios, continuaba en las rotativas y terminaba en las manos de quienes buscaban saber qué había ocurrido durante la noche.
Después, llegaron la televisión de noticias permanentes, las computadoras, internet y los teléfonos inteligentes.
Las noticias comenzaron a circular a una velocidad que antes parecía imposible. Bastaba tocar una pantalla para conocer acontecimientos ocurridos a miles de kilómetros.
El papel dejó de tener la exclusividad de la primicia. Los hábitos de lectura cambiaron y muchos oficios tradicionales tuvieron que adaptarse o desaparecer.
Sin embargo, los voceadores que permanecen en las calles representan algo que ninguna aplicación puede sustituir por completo: el contacto humano, la sonrisa conocida, el saludo cotidiano, la confianza construida durante años y la satisfacción de recibir el ejemplar de manos de alguien que forma parte de la historia de la ciudad.
35 años de constancia
Don Alejandro ha sido testigo de esa transformación.
Cuando comenzó a distribuir EL MAÑANA, hace 35 años, los teléfonos inteligentes todavía no formaban parte de la vida cotidiana. Hoy, las noticias llegan acompañadas de fotografías, videos y transmisiones en tiempo real.
Él, sin embargo, sigue recorriendo las calles con la misma responsabilidad que lo ha distinguido durante décadas.
A sus 80 años continúa siendo uno de los voceadores de mayor antigüedad del periódico y una figura reconocida por quienes lo encuentran durante su jornada.
Su permanencia habla de una virtud que pocas veces ocupa los grandes titulares: la perseverancia.
Porque cumplir 35 años en un mismo oficio no significa únicamente acumular calendarios, significa levantarse una y otra vez, enfrentar el clima, adaptarse a los cambios y conservar la voluntad de seguir adelante.
El señor del periódico
Hoy, cuando EL MAÑANA reconoce a don Alejandro sus 35 años de trabajo ininterrumpido, también rinde homenaje a una generación de voceadores que ayudó a escribir la historia cotidiana.
Porque detrás de cada periódico entregado hay mucho más que tinta y papel: hay una tradición, un esfuerzo y una manera de entender el trabajo que ha resistido el paso de los años.
A los 80 años, don Alejandro Lara sigue siendo parte de esa historia.
Las noticias cambian. Los titulares envejecen. Las tecnologías se renuevan y las pantallas anuncian cada día una nueva revolución.
Pero mientras haya alguien que espere el periódico y un voceador dispuesto a llevárselo, esta tradición seguirá teniendo vida.
Y mañana, como durante los últimos 35 años, don Alejandro tendrá una razón para volver a salir a la calle: llevar EL MAÑANA a las manos de sus lectores.



