"Del mito al laboratorio: cómo la ciencia explica las mariposas del amor"

El mes de febrero evoca emociones profundas: corazones dibujados, flores, chocolates, cenas especiales... y también la reflexión sobre cómo nuestro cuerpo responde al amor y a las afectividades humanas. Cada 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, recordamos que los vínculos afectivos ya sean románticos, familiares o de amistad no son solo experiencias emotivas, sino fenómenos que desencadenan respuestas biológicas reales. Es un momento ideal para comprender cómo emociones y salud física están entrelazadas, y por qué celebrar el afecto también influye en nuestra salud integral.
¿Qué sucede en nuestro cuerpo cuando sentimos amor?
Aunque culturalmente decimos que amamos "con el corazón", la ciencia nos dice que el amor comienza en el cerebro. Neurotransmisores como dopamina, oxitocina y noradrenalina se liberan cuando sentimos atracción, apego o cariño profundo. Estas sustancias generan sensaciones placenteras, motivación, apego y bienestar general, y forman parte de los llamados circuitos de recompensa que nos hacen sentir felices y conectados con otra persona. El amor también influye en otras partes del cuerpo: por ejemplo, la "mariposa en el estómago" está relacionada con la adrenalina y la noradrenalina, que pueden acelerar el pulso o generar sudoración leve en momentos de excitación o nerviosismo. Además, la oxitocina conocida como la "hormona del abrazo" se libera durante gestos de cariño como abrazos, caricias o besos, favoreciendo no solo la conexión emocional, sino también la reducción de la presión arterial y el estrés al activar mecanismos de calma en nuestro sistema nervioso.
¿El amor puede mejorar la salud?
Sí, con matices... Diversos estudios sugieren que las relaciones afectivas estables y saludables pueden beneficiar la salud física y emocional a largo plazo. Personas que sienten apoyo emocional y vínculos seguros tienden a tener niveles más bajos de inflamación crónica y presión arterial más estable, lo cual se traduce en menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y otros trastornos asociados al estrés crónico. A su vez, el amor y el afecto pueden fomentar rutinas de vida más saludables, como mejor alimentación, actividad física en pareja o apoyo mutuo para acudir a chequeos médicos periódicos. Además, los vínculos sólidos actúan como un escudo emocional, reduciendo la ansiedad, la depresión y la soledad condiciones que, por sí mismas, impactan negativamente la salud física. Incluso conexiones sociales cercanas y amistades profundas pueden brindar beneficios similares. La amistad genuina se asocia con sentido de pertenencia, menor aislamiento emocional y mejores hábitos de autocuidado, lo cual también influye positivamente en la salud cardiovascular y mental.
Cuando el amor duele: el otro lado de la moneda.
Sin embargo, no todo lo relacionado con el amor es necesariamente benéfico para la salud. El desamor, las rupturas o las relaciones conflictivas pueden generar estrés emocional intenso, que se traduce en efectos físicos reales. La ciencia reconoce que experiencias emocionales extremadamente dolorosas pueden desencadenar un fenómeno conocido como síndrome del corazón roto (o miocardiopatía de Takotsubo), en el que el estrés emocional intenso provoca debilitamiento temporal del músculo cardíaco, simulando síntomas de un infarto. Más allá de casos extremos, el dolor afectivo prolongado altera la liberación de cortisol la hormona del estrés y puede elevar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, afectando la calidad de sueño, el estado de ánimo y el sistema inmunológico. Por ello, emociones intensas no solo se "sienten" en la mente, sino que también se manifiestan en el cuerpo.
Cómo celebrar el amor cuidando tu salud:
Este próximo 14 de febrero es una oportunidad para reconocer el valor de las relaciones humanas desde una perspectiva de salud. No solo se trata de gestos románticos, sino de cultivar vínculos que favorezcan nuestro bienestar emocional y físico. Algunos consejos prácticos y saludables incluyen:
· Expresar afecto con gestos que promuevan conexión y calma, como abrazos prolongados, que liberan oxitocina y reducen el estrés físico.
· Compartir experiencias saludables, como una caminata al aire libre, una comida equilibrada o una actividad recreativa que fortalezca lazos y active sistemas neuroquímicos positivos.
· Cuidar el consumo de alimentos azucarados o excesivos en celebraciones, pues aunque los chocolates y dulces son habituales en estas fechas, su ingesta elevada puede afectar negativamente el metabolismo y el corazón.
· Recordar que la amistad y el amor propio también importan: conexiones con amigos, familiares o incluso práctica de autocuidado emocional tienen efectos positivos medibles en la salud global.
Reflexión final:
El corazón literal y el corazón simbólico. En este Día del Amor y la Amistad, vale la pena reflexionar sobre cómo nuestras emociones influyen en nuestro organismo de formas que van más allá de lo metáforico. El amor en sus muchas expresiones desencadena respuestas neuroquímicas y fisiológicas reales que afectan nuestro bienestar físico y mental. Así como cuidamos nuestra salud cardiovascular con ejercicio y alimentación adecuada, es igualmente importante cuidar nuestros vínculos afectivos y emocionales, pues estos tienen un impacto profundo en cómo vivimos, sentimos y envejecemos. Celebrar el amor no es solo intercambiar regalos en un día señalado, sino cultivar relaciones saludables que favorezcan nuestra salud integral todos los días del año. Cuando el amor es fuente de bienestar, también se convierte en un motor para una vida más saludable, plena y resiliente.



