Columnas - Monica Deiterman

La salud en manos propias

  • Por: MONICA DEITERMAN
  • 24 JUNIO 2026
  • COMPARTIR
La salud en manos propias

Durante décadas, la relación con la salud parecía relativamente sencilla. Nos enfermábamos, acudíamos al médico y seguíamos las indicaciones recibidas. La responsabilidad principal recaía en hospitales, consultorios y sistemas de salud que tenían la tarea de atendernos cuando algo dejaba de funcionar.

Hoy vivimos una realidad diferente.

Millones de personas buscan información por su cuenta, investigan tratamientos, comparan alternativas, siguen especialistas en redes sociales y exploran nuevas herramientas para mejorar su calidad de vida. La salud ha dejado de ser un asunto exclusivamente médico para convertirse también en una decisión personal.

En este contexto han surgido con fuerza temas como los péptidos, la medicina preventiva, la longevidad, la suplementación personalizada y otros avances que buscan apoyar procesos relacionados con el metabolismo, el envejecimiento, la recuperación física y el bienestar general.

Aunque para muchos parecen una novedad, los péptidos forman parte de décadas de investigación científica sobre sustancias que nuestro propio cuerpo produce de manera natural para enviar señales entre células y regular múltiples funciones biológicas. Hoy nombres como semaglutida y tirzepatida ocupan titulares y conversaciones cotidianas, convirtiéndose en símbolos de una nueva etapa en la forma de entender la salud y el control del peso.

Pero detrás de esta tendencia existe una realidad que merece atención.

México y Estados Unidos se encuentran desde hace años entre los países con mayores índices de obesidad y sobrepeso en el mundo. Al mismo tiempo, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión y otros trastornos metabólicos continúan creciendo a un ritmo preocupante.

La pregunta es inevitable: si contamos con más información, más médicos, más hospitales y más medicamentos que nunca, ¿por qué seguimos enfermando?

Tal vez porque durante mucho tiempo hemos atendido las consecuencias sin modificar las causas.

Los sistemas de salud han logrado avances extraordinarios para controlar enfermedades, prolongar la vida y atender complicaciones. Sin embargo, siguen enfrentando enormes dificultades para enseñar hábitos sostenibles, acompañar cambios de conducta y promover una verdadera cultura de prevención.

Y es aquí donde aparece una de las contradicciones más interesantes de nuestra época.

Con frecuencia encontramos personas que sienten temor ante un medicamento prescrito por un profesional de la salud. Les preocupan los efectos secundarios, desconfían de los tratamientos nuevos o prefieren esperar antes de intentarlo. Esa cautela es comprensible y, en muchos casos, necesaria.

Pero esas mismas personas rara vez muestran la misma preocupación frente a hábitos que durante años han contribuido al deterioro de su salud. No cuestionan con igual intensidad el exceso de azúcares, el consumo constante de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo o la falta de descanso.

No se trata de juzgar a nadie. Todos tomamos decisiones imperfectas. Sin embargo, vale la pena reflexionar sobre por qué a veces tememos más a una herramienta diseñada para ayudarnos que a una enfermedad que ya forma parte de nuestra vida cotidiana.

Los péptidos representan mucho más que una tendencia médica. Son el reflejo de una sociedad que busca participar activamente en su bienestar y que ya no está dispuesta a esperar pasivamente a que aparezca la enfermedad para actuar.

Sin embargo, también nos recuerdan una verdad fundamental: ningún tratamiento, por innovador que sea, puede sustituir la educación, los hábitos saludables, la actividad física, el descanso adecuado y el compromiso personal con nuestra salud.

Quizá la pregunta más importante no sea qué nuevas herramientas existen para mejorar nuestra calidad de vida, sino por qué, aun sabiendo lo que nos enferma, nos cuesta tanto cambiar. Durante años hemos pensado que el problema era la falta de información o de acceso a tratamientos. Sin embargo, muchas veces el verdadero desafío no es conocer el camino, sino decidir recorrerlo.

La ciencia seguirá avanzando y aparecerán nuevas alternativas para mejorar la salud humana. Pero ninguna innovación podrá sustituir la decisión personal de cambiar aquello que nos está enfermando. Porque la salud nunca ha estado únicamente en los consultorios, los hospitales o los medicamentos. También ha estado, y seguirá estando, en las decisiones que tomamos cada día.

Y estos son los motivos que generan nuestras decisiones.


Continúa leyendo otros autores