Columnas - Juan Ignacio Zavala

Temporada de lodo

  • Por: JUAN IGNACIO ZAVALA
  • 20 JULIO 2026
  • COMPARTIR
Temporada de lodo

La etiqueta de la narco política llegó para quedarse en Morena pero nadie vio venir el movimiento para dejar en la cara opositora la etiqueta de huachicolero

“Dicen los conservadores que soy radical. No, soy moderado y hasta fresa en comparación con la presidenta”. Estas son palabras de Andrés Manuel López Obrador días antes de entregarle la banda presidencial a Claudia Sheinbaum. Todo parece indicar que así es el asunto. La presidenta ha dado un manotazo con efecto en múltiples direcciones. La detención y encarcelamiento del primer gobernador de la oposición en la historia de nuestra democracia marca un antes y un después en el sexenio de Sheinbaum. Si bien es cierto que ha sido un periodo lleno de baches y retos, lo cierto es que ahora dio un giro en la vida política nacional.

Seguramente harta y fastidiada de los problemas que a diario le generan sus compañeros de movimiento la presidenta decidió trasladar el foco de las críticas a la menguada oposición de derecha. La etiqueta de la narco política llegó para quedarse en Morena, cierto. Pero nadie contaba con un movimiento completo para dejar en la cara opositora la etiqueta de huachicolero. Nadie la vio venir.

El golpe es duro. Si lo que se pretende es una cortina de humo sobre los casos de Rocha Moya y Marina del Pilar es una equivocación. Esos temas seguirán y también se juegan en Estados Unidos no solamente aquí. Por sus actitudes la presidenta ha decidido defenderlos a tope y no ceder ante el embate norteamericano. Sin embargo, en la cancha mexicana las cosas han cambiado. El exgobernador panista es acusado formalmente por la autoridades mexicanas de formar parte de una “colosal red” de huachicol que tenía más de un centenar de carros-tanque con millones de litros de combustible y que acusó una afectación a las arcas públicas de miles de millones de pesos. Un asunto complejo.

Al encarcelar a una figura opositora -Ruffo tenía el innegable e histórico mérito de ser el primero en ganarle al PRI- es claro que la presidenta trasladó el ataque de los estadounidenses sobre el vínculo de crimen organizado y autoridades a la oposición. Las pruebas que exhibe frente a Ruffo son las que exige a los gringos para Rocha Moya o Marina del Pilar. Por lo pronto el ambiente se ha enrarecido un poco más. Sin prejuzgar la inocencia o culpabilidad del expanista, lo cierto es que su detención marca la pauta del trato a los opositores. Como se quiera ver son señales claras: no se va a detener cuando encuentre un filón.

Encarcelar al primer gobernador de la oposición tiene varias aristas. Se trata de un hombre con fama de honesto y aunque después de su gobierno se convirtió en un político irrelevante, tenía reconocimiento más allá del PAN. De hecho se salió de ese partido- no deja de ser curioso que casi todos los que logran algo en el PAN se terminan saliendo- y formaba parte de la asociación Somos México que acaba de recibir su registro para participar en las elecciones. Un partido que todavía no tiene nombre y ya tiene un preso.

Aunque no parece ser la intención presidencial, lo cierto es que el golpe contra los opositores en la figura de un supuesto huachicolero puede funcionar también como una llamada de atención para los suyos. Ya encarcelado uno del otro lado no será tan difícil empatar el tablero. Si la presidenta así lo decide puede poner orden también en su atribulada y desordenada casa.

La dureza de la medida de la presidenta es consecuencia del trato que le ha dado a la oposición en su conjunto durante casi dos años. Pasó de las palabras a los hechos. Ahora en Morena pueden moverse a la ofensiva después de meses de estar arrinconados en la defensa. Y los opositores no pueden dejar pasar una si quieren, en efecto, sobrevivir y evitar la prisión cuyas puertas todos vimos que se abrieron. Lo que viene será vivir en el lodo y la presidenta dio el banderazo.


Continúa leyendo otros autores