Columnas - Salvador Camarena

El país de las madres partidas por la mitad

  • Por: SALVADOR CAMARENA
  • 15 FEBRERO 2026
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El país de las madres partidas por la mitad

La normalidad no puede caminar, y menos bailar, sobre las huellas de desaparecidos ni sobre cadáveres

El 5 de octubre a Brenda Valenzuela le arrebataron la mitad de su vida.

Desde la madrugada de ese día, ella, de 42 años, no sabe nada de su hijo Emilio Galván Valenzuela, de 21. Su angustia es microcosmos del hoyo negro que traga la paz de las familias mexicanas. Y un urgente recordatorio de que hay que repensar, una vez más, la lucha anticrimen.

Emilio Galván Valenzuela es de Durango y estaba de visita en Mazatlán con algunos parientes. La noche mazatleca es irresistible. Luego de cenar, el joven pasó al baño de un sitio llamado Terraza Valentino. Ahí se perdió su rastro.

La historia de esta desaparición se torció de inmediato. Por un lado, con natural desesperación, la familia elevó la denuncia. Por el otro, la autoridad hizo lo que sabe: arrastrar los pies. Un desaparecido más en medio de la guerra no quita el sueño a quien cobra por cuidar.

Nada es idéntico entre una tragedia y otra. Por eso hay que resistir la oda a las estadísticas. Cada persona merece dignidad, sobre todo en su hora sombría. Sobre todo si Emilio estaba en el bar del secretario de Economía de Sinaloa.

Que las autoridades de eso llamado procuración de justicia se oculten en el laberinto burocrático para no ser líderes en la búsqueda de un joven desaparecido no extraña. Pero marca un nuevo nivel de desprecio que el dueño del bar sea un alto funcionario que se refugia por semanas en el puesto antes que convertirse en el primer interesado en encontrar a un cliente.

Ricardo Velarde Cárdenas fue antrero al mismo tiempo que secretario de Economía. Y casi tres semanas tardó en salir del gabinete de Rubén Rocha. No es su renuencia a dejar un equipo que de cualquier manera hace año y medio no funciona lo que es reprochable. La real indignación surge de descubrir, en medio de la tragedia de una familia, cómo ni en su calidad de dueño del establecimiento donde ocurrieron los hechos, ni en su responsabilidad de cogobernante, piensa en el otro, en Emilio, como un humano en desgracia a ayudar.

Y, por supuesto, la dimisión no ha servido de nada. Lo fundamental no ha cambiado. Brenda lleva su reclamo de ayuda al gobierno a cuanto foro puede. Es una nueva madre buscadora, el doloroso oficio que nadie quiere cerca de su familia.

Brenda denuncia dos crueldades en una entrevista con EL PAÍS el 11 de febrero: la cerrazón del gobierno de Rocha para informarle diligencias sobre su hijo, y lo insoportable de que a los gobernantes les parezca que se puede promocionar el carnaval de Mazatlán.

La normalidad no puede caminar, y menos bailar, sobre las huellas de desaparecidos ni sobre cadáveres. Tal es el mensaje de Brenda. Ella habla por sí misma y, desde que su vida tiene la mitad partida, habla, a querer o no, por otros desaparecidos y muertos.

Decir que Mazatlán es el nuevo epicentro de la guerra desatada en Sinaloa tras el secuestro del capo Ismael Mayo Zambada es decir una tontería. Todo Sinaloa es zona cero en ese conflicto, así las malas noticias luego parezcan concentrarse en una ciudad o región.

Mientras Brenda se negaba a que la vida siguiera como si nada en un lugar donde desapareció su hijo, y otros apostaban a que al correr de los días el olvido caería no solo en el expediente sino en los medios, llegó la realidad y le dio la razón a la indomable madre.

Ya en este año, otro puñado de jóvenes, estos procedentes del valle de México, desapareció en el puerto del malecón más bonito del país. Y a los pocos días, a menos de 50 kilómetros de Mazatlán, diez trabajadores de una empresa minera canadiense fueron levantados.

Los primeros no han aparecido. De los segundos se ha confirmado la identidad de la mitad en fosas que, por si fuera poco, según varios reportes, vomitarán más restos humanos. Ay, Mazatlán, qué te han hecho; o mejor dicho, qué te hemos hecho. A ti, a Sinaloa y a México.

Para empezar a contestar la pregunta anterior hay que ir a donde Rubén Rocha.

Que él estuviera convocado, así fuera como señuelo, a la celada donde los Guzmán traicionaron a los Zambada para llevarse al patriarca a Estados Unidos debe ser recordado: de ahí pa´l real todo es lógico, el gobernador no gobierna para los ciudadanos.

Los problemas de Sinaloa no comenzaron en 2021 cuando Rocha ganó las elecciones en un proceso descrito, y documentado, bajo la sombra del narco. No, la pudrición viene de antes, pero es irracional pensar que quien así ganó iba a ser parte de una solución.

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