¡Es la economía!, alerta la presidenta

Para cuando llegue la primavera, Claudia Sheinbaum estará por cumplir un cuarto de su sexenio. El tiempo corre; y si las cosas salen como planea la presidenta, para esa fecha su Gobierno habrá erradicado la sombría conversación sobre una economía hoy famélica.
El producto interno bruto de México no creció ni un uno por ciento en 2025. El PIB del año pasado quedó en solo 0,7%. Y aunque la perspectiva es que en 2026 se rebase el dígito, algunos pronósticos estiman que cuando mucho el crecimiento rondará el 1,3%.
La presidenta ha decidido conjurar tales augurios. Si el símil es válido, se ha embarcado en una cruzada parecida a la que desde 2024 tiene en seguridad: se pueden cuestionar los avances parciales, no se puede negar el cambio de narrativa y de método anticrimen.
Sheinbaum no quiere oír más eso de que no hay inversión y que la economía está detenida. Para activar una nueva conversación económica ha trazado un plan, uno con ella a la cabeza de un consejo de planeación cuyas labores conoceremos detalladamente en febrero y marzo.
A lo largo de mañaneras la presidenta irá desgranando proyectos específicos para la inversión. Los primeros a detallar serán los del sector energético, el rubro que más recibirá de los dos puntos porcentuales extra que su Gobierno meterá este año en infraestructura.
De lo que se trata es de que los sectores económicos escuchen que hay no una preocupación, que eso se sabe de sobra, sino un decidido viraje para atajar la falta de inversiones. Y la presidenta se ofrece para destrabar pendientes concretos y abrirse a esquemas mixtos con la IP.
Lo primero ya ha venido ocurriendo. El arranque del año ha incluido reuniones de la mandataria y buena parte de su equipo con el sector automotriz, el banquero y, como fue destacado, con economistas de fuera del Gobierno. En conjunto, demostraciones claras de cambio.
Las reuniones con los banqueros y con el sector automotriz, según gente con acceso a lo que ahí se discutió, resultaron notables porque el ánimo presidencial es no solo de mayor apertura, sino de un talante altamente ejecutivo.
La mayor novedad es que la presidenta formula en esos cónclaves más que ideas generales o rectoras, propuestas y demandas específicas para activar el sector automotriz, remecido por las políticas arancelarias de Estados Unidos, o mecanismos de financiamiento bancario.
Es como si la mandataria hubiera decidido que o ella destraba trámites y disipa rumores que generan desde zozobra hasta tardanzas, o nadie en su gabinete dimensionará la urgencia de que cada proyecto de inversión sea un hecho y no, por ausencia, un lamento.
Así, los días se llenarán de presentaciones, como la que habrá este mediodía en Antropología —la primera reunión nacional de promoción de inversiones— y tendrá sentido que el Gobierno haya vuelto con fuerza a ferias como la de turismo de Madrid de hace dos semanas.
Las dudas con este golpe de timón son: ¿no llega demasiado tarde?, ¿el equipo de Sheinbaum estará a la altura, tanto en la capacidad de cada secretaría/organismo como al coordinarse?, ¿los planes terminarán por cuajar?, al asumir el liderazgo ¿la presidenta no hará que mucho se detenga a la espera de su aprobación personal?
Finalmente, una interrogante no menor: ¿se harán al menos dos tareas complementarias e indispensables como son sembrar confianza atajando decididamente el cromosoma antiempresarial del grupo en el poder, y combatiendo la corrupción de sus compañeros guindas?



