Columnas - Carlos Tovar

Exportar bajo amenaza

  • Por: CARLOS TOVAR
  • 24 AGOSTO 2025
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Exportar bajo amenaza

Cuando el modelo de maquila comenzó a consolidarse en México como una de las piedras angulares del comercio exterior, sus defensores apostaban por una fórmula sencilla: importar insumos sin impuestos, ensamblar productos con mano de obra barata y exportar bajo condiciones preferenciales. Pero lo que fue diseñado como un esquema competitivo hoy parece navegar en aguas cada vez más turbulentas. La industria maquiladora, otrora símbolo de dinamismo en el norte del país, vive un proceso de ajuste profundo que pone en duda su estabilidad a mediano plazo.

A simple vista, la maquinaria sigue operando. Las líneas de ensamble continúan, los parques industriales lucen llenos y las cifras generales de exportación aún sostienen los números. Sin embargo, bajo esa superficie hay una transformación silenciosa. Desde 2023, el empleo en maquilas ha disminuido de forma constante. Para junio de 2025, el descenso interanual alcanzó el 2 por ciento, una cifra que por sí sola podría parecer menor, pero que representa la señal de alerta más clara de una industria que enfrenta una triple presión. A las amenazas arancelarias se suma la automatización tecnológica y un proceso de depuración que busca eliminar las malas prácticas en el programa IMMEX.

Los aranceles siempre han sido un arma de presión política, pero en el actual contexto global han adquirido una volatilidad inédita. Cambios repentinos en los impuestos a productos clave han distorsionado la lógica de inversión, provocando que varias empresas evalúen su permanencia en México. Algunas ya contemplan la relocalización hacia otros países de América Latina, en busca de mayor certidumbre regulatoria. No se trata de una estampida, pero sí de una reorganización estratégica que podría desdibujar la hegemonía mexicana como hub manufacturero del continente.

Desde el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora (Index), los mensajes son claros pero con matices. Humberto Martínez, presidente del organismo, advirtió que las decisiones abruptas en materia arancelaria afectan directamente los planes de expansión de las empresas. La palabra que utilizó fue "distorsión". Y no es menor. En un ecosistema tan finamente calibrado como el de la maquila, cualquier movimiento fiscal imprevisto altera la ecuación de costos, tiempos y cadenas de suministro. Martínez no reclamó subsidios ni protección, sino reglas claras y estables, el mínimo indispensable para planear a largo plazo.

La directora general del Index, Jael Durán, adoptó una postura más conciliadora. Si bien reconoció la reducción de empleo, destacó que el sector ha comenzado a integrar perfiles más especializados, lo cual mejora la productividad. El mensaje es que la pérdida de operarios generales está siendo compensada, al menos parcialmente, por la incorporación de técnicos e ingenieros que se adaptan mejor a las nuevas exigencias tecnológicas. Es un cambio de fondo que, en el mejor de los casos, podría marcar el inicio de una transición hacia un modelo industrial de mayor valor agregado.

Pero no todo depende de factores externos. El propio modelo IMMEX, que permite importar insumos sin pagar impuestos a condición de que se exporte el producto final, ha sido vulnerado durante años por empresas que encontraron grietas para operar en la ilegalidad. Falsas exportaciones, triangulaciones, subfacturación y otras prácticas erosionaron la credibilidad del esquema. Por eso, el actual proceso de "limpieza" impulsado desde el gobierno ha cerrado varias plantas que abusaban del modelo. El sector, aunque afectado en el corto plazo, ha respaldado esta depuración como un mal necesario.

Israel Morales, integrante del Comité México–EE.UU., fue contundente: eliminar a las empresas que operan fuera de la legalidad es una condición indispensable para proteger a quienes sí cumplen con la normatividad. Dejar que el sistema se siga contaminando con actores fraudulentos sería tanto como aceptar su muerte lenta. La paradoja es que esta purga, aun siendo positiva, también genera efectos colaterales. Cierre de empleos, conflictos legales y afectaciones en comunidades que dependían de esas plantas son parte del costo de sanear un modelo que se había vuelto insostenible.

El Index, consciente de este contexto, ha propuesto modificar el Programa IMMEX con el objetivo de fortalecer los controles y evitar futuros abusos. La medida es pragmática y apunta a preservar la columna vertebral del modelo: su credibilidad. Sin esta, ni los inversionistas extranjeros ni las autoridades comerciales de otros países mantendrán la confianza que México requiere para sostener su posición como plataforma exportadora.

La preocupación de fondo es que el deterioro de la industria maquiladora no es uniforme, pero sí estructural. Los estados del norte, que han sido los mayores beneficiarios del modelo, también son los más expuestos a su posible declive. El empleo intensivo en manufactura no puede ser reemplazado de la noche a la mañana por otra actividad económica de igual escala. Y aunque el nearshoring promete nuevas oportunidades, este fenómeno aún no se ha traducido en una mejora sustancial en la creación de empleo ni en la diversificación de sectores.

Si México aspira a consolidar una economía exportadora moderna, el caso de la maquila debe entenderse no como un fracaso, sino como una transición incompleta. Se requiere una revisión profunda del esquema fiscal, laboral y logístico que lo sustenta. El mundo ya no compite por tener la mano de obra más barata, sino por ofrecer las mejores condiciones de estabilidad, legalidad e innovación. En esa liga, el país aún tiene camino por recorrer.

Lo cierto es que el modelo maquilador ya no tiene el margen de tolerancia del pasado. Ni los socios comerciales ni los mercados laborales permiten la opacidad que alguna vez fue la norma. Hoy se exige cumplimiento normativo, integración tecnológica y capacidad de adaptación. No basta con ensamblar. Hay que repensar todo el modelo productivo.

La industria maquiladora no ha dejado de ser relevante, pero sí ha dejado de ser incuestionable. El riesgo no es solo económico, sino reputacional. Si México no logra blindar su esquema de exportación frente a los abusos internos y las amenazas externas, se corre el peligro de que otros países ocupen su lugar en la cadena global. No se trata de competir en quién produce más barato, sino en quién ofrece mayor certidumbre.

Las maquilas ya no son solo fábricas. Son indicadores de hacia dónde se mueve la economía mexicana. Y hoy, esa brújula está girando más de lo que muchos quisieran admitir.

Mail: ct@carlostovar.com

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