—MXN/USD · Banxico

Fin de ciclo

Fin de ciclo

Actualizado: 01 de Noviembre, 2026, 09:30 PM

Casualidad o no, la muerte de Cárdenas y el desmoronamiento del INE marcan un fin de ciclo acompañado de una evidente degradación


Con el fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas han aflorado los recuerdos de las luchas democráticas de hace décadas, sus actores principales —que ya no quedan tantos— y los recuerdos de una época en que la política era una actividad apasionante y en la que todo era parte del proceso de transición. Las negociaciones, las instituciones, los acuerdos, las campañas y los discursos giraban en torno a esa palabra. Llegamos a tener verdaderos profesionales de la transición: personas que no querían comprometerse como militantes en un partido porque estaban en una "causa mayor que la meramente partidista" y, fascinados de poder ser personajes públicos y que se tomara en cuenta su opinión, se erigían en guías de nuestra "incipiente democracia".

¿Cuándo terminó la transición democrática en México? Según algunos, el ciclo se completó con la llegada de López Obrador a la presidencia, pues con ese evento se cerraba la participación de cada una de las fuerzas que participaron en el diseño y formación de la democracia mexicana. Primero la competencia cerrada con el PRI (1988-89 –primer triunfo estatal de la oposición– y 1994), seguido de la primera derrota del PRI al perder la mayoría de la Cámara de Diputados y varios estados (1997); la derrota del PRI por el PAN (2000), el triunfo del PAN contra el PRD (2006), el regreso del PRI (2012) y la llegada de la izquierda (2018). Por lo menos en lo que respecta a entre 1988 y el 2000, Cuauhtémoc Cárdenas jugó un papel relevante. Fue candidato a la presidencia tres veces consecutivas. Antes de que se le ocurriera la cuarta, sus propios compañeros de partido lo hicieron a un lado y ungieron a otro expriísta como nuevo líder: López Obrador.

Hay alumnos que superan a sus maestros y también hay alumnos que los odian. López Obrador es de esos. Mientras la emprendía contra sus adversarios, se ocupaba también de borrar del mapa a los leales a Cárdenas, pero sin intentar tumbar al mito. Por eso lo paseaban cada aniversario de la expropiación petrolera y se ocupó de tener cerca al hijo, pero lejos al padre. Nada dice tanto de esa relación como la ausencia de López Obrador en los funerales de quien lo dejó crecer a su sombra.

Entre las contribuciones de Cárdenas está su apoyo decidido a la construcción del entonces IFE ciudadano. Esto no solamente fue la construcción de una institución mexicana referencial; también les dio un espacio de participación política a varias de las figuras de la izquierda que hicieron a un lado las consignas y comenzaron a hacer política. No es casual que haya sido López Obrador quien dinamitara y pervirtiera la nueva conformación del INE. Si uno colaboró a su construcción, el otro lidereó su demolición.

Resulta irónico que en la semana de la muerte de Cárdenas se destapara la cloaca en el INE. Esa institución, que de alguna manera era el resultado concreto de la lucha del 88 con Rosario Ibarra, Cuauhtémoc y Manuel Clouthier, fue durante décadas un botón de distinción en nuestra vida pública y ahora es una de las desgracias nacionales. Lo que hemos visto que sucede en la institución responsable de las elecciones es escandaloso, vergonzoso e indignante. La convirtieron en una cueva de ladrones, donde la estructura la armaba uno de los principales proveedores que al tiempo mantenía a algunos de los hijos de la presidenta del instituto y controlaba un cartel de proveedores a nivel nacional en cuestiones electorales. Lo que sabemos por audios y videos es que privaba una corrupción generalizada auspiciada y promovida por la titular en un ambiente francamente burdelesco.

Casualidad o no, la muerte de Cárdenas y el desmoronamiento del INE marcan un fin de ciclo acompañado de una evidente degradación.