Columnas - El Muro S.A.

La batalla por la Fiscalía

  • Por: ARTURO ROSAS HERRERA
  • 28 AGOSTO 2025
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La batalla por la Fiscalía

Si no ocurre un giro de última hora, el primero de octubre se emitirá la convocatoria para quienes aspiren a la Fiscalía General de Justicia de Tamaulipas. Una elección distinta, cargada de política, donde ya asoman nombres con peso propio: Javier Córdoba González, Eduardo Govea y Willy Zúñiga.

Los tres perfiles se han colado al ánimo de las bancadas en el Congreso, incluidos panistas que reconocen trayectoria y oficio, y por supuesto en la consideración del partido en el poder. No son improvisados, sino figuras con carrera judicial y política que han dejado huella en los espacios donde han trabajado.

Javier Córdoba es, sin duda, un sobreviviente político. Hoy coordina Tránsito en Victoria y logró poner orden en una delegación colapsada. Pero su biografía no se limita ahí: ha pasado por Gobernación, PROFECO, la Judicatura y el Secretariado de Seguridad Pública. Ha sabido trascender gobiernos, sexenios y corrientes gracias a su capacidad de operación y su habilidad para leer los tiempos.

Eduardo Govea, en cambio, encontró su impulso en la 4T. Su carrera en la procuración de justicia lo avala, pero su exposición pública vino como vocero jurídico de Morena en la campaña del 2022. Llegó a la Fiscalía Anticorrupción con el respaldo de la mayoría morenista, después de haber sido frenado por un amparo en tiempos del PAN. Su paso ha sido lento, sí, pero con avances visibles pese a los muros heredados: blindajes legales, tortuguismo procesal y la Fiscalía de Irving Barrios aún atada a Cabeza de Vaca.

El tercero en la lista es Willy Zúñiga. Rector fundador de la Universidad de Seguridad y Justicia, saneó la institución tras el desastre panista y la hizo crecer en infraestructura y disciplina. Hoy es vocero de Seguridad y cuenta con reconocimiento de Omar García Harfuch y su equipo. No es un improvisado: dirigió antisecuestros en tiempos de Egidio Torre y sabe manejar crisis. Su perfil, dicen, es uno de los recomendados para reforzar estrategias nacionales, aunque en Tamaulipas la decisión final será del gobernador Américo.

El próximo Fiscal tendrá siete años en el cargo, con opción de repetir. Por eso el proceso es clave y debe cuidarse de la tentación de la guerra sucia. Si Govea, Córdoba o Willy caen en la trampa de desacreditarse entre sí, el único beneficiado será la oposición. Panistas y viejas lealtades al exgobernador estarían listos para explotar cualquier pleito interno.

De ahí que la apuesta, si los tres pactan mantener limpio el proceso, será dejar en claro que cualquier ataque externo viene precisamente de quienes quieren descarrilar al gobierno actual y minar la legitimidad del próximo fiscal.

El Congreso ya alista la convocatoria. Lo que está en juego no es solo un nombramiento: es el control de la justicia en Tamaulipas para la próxima década. Y esa batalla, política y jurídica, apenas comienza.

La sombra de Erasmo 

El anuncio del director jurídico de la Secretaría de Salud sobre el quebranto superior a 343 millones de pesos, provocado entre 2017 y 2018 durante el gobierno del PAN, vuelve a exhibir la podredumbre de aquel sexenio. Los contratos por hasta 500 millones de pesos, entregados a empresas ligadas a los hermanos Carmona, no solo dibujan el saqueo institucional, sino que también reviven viejas y peligrosas conexiones políticas.

Porque detrás de los Carmona no solo aparece el sello panista y sus funcionarios de confianza. La historia también cruza con nombres de Morena que, bajo el manto de la 4T, fueron intocables. Uno de ellos: Erasmo González Robledo, hoy alcalde de Ciudad Madero.

Erasmo no era cualquier diputado federal en los tiempos de López Obrador. Con inmunidad procesal, se movía en la esfera del poder y tenía una relación evidente con los Carmona. Y aunque el expediente político nunca se abrió en su contra, las imágenes, las reuniones y los vínculos con aquel empresario asesinado en San Pedro Garza García están en la memoria colectiva.

Hoy, que los números salen a la luz y el quebranto está documentado, la pregunta se vuelve inevitable: ¿qué tan profundo llega la red de complicidades tejida por los Carmona? Porque si bien el golpe apunta a Cabeza de Vaca y sus allegados, las ramificaciones alcanzan a personajes de Morena que han transitado sin rasguños en medio del escándalo.

La corrupción no entiende de colores. Lo mismo se tejió con funcionarios panistas que con políticos morenistas. El dinero de los tamaulipecos fluyó como manantial para alimentar campañas, construir lealtades y comprar silencios.

El caso de los Carmona no solo es un expediente más de desfalco al erario. Es el retrato de un sistema que se alimenta de pactos cruzados, donde un día se viste de azul y al otro de guinda. La deuda política y moral que deja este escándalo sigue pendiente.

Y aquí es donde Morena no puede seguir mirando para otro lado. No basta con exhibir la corrupción del pasado si entre sus filas guarda a políticos que también caminaron al lado de los Carmona. Erasmo González es el ejemplo incómodo de que en la 4T también hubo complicidades, favores y silencios.

Y que no se equivoque Erasmo: de cara al 2027, la memoria política es implacable. Si insiste en vender la imagen de candidato limpio, tendrá que cargar primero con la sombra de los Carmona. Y esa, en Tamaulipas, es una losa demasiado pesada para levantar en campaña.


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