Columnas - Dra. Yirla Paola García López

"Olas de calor: la nueva amenaza urbana"

  • Por: DRA. YIRLA PAOLA GARCÍA LÓPEZ
  • 09 AGOSTO 2025
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"Olas de calor: la nueva amenaza urbana"

En los últimos años, las temperaturas veraniegas en México han superado récords históricos, y Reynosa no ha sido la excepción. Las llamadas olas de calor, lejos de ser simples momentos incómodos, representan un riesgo serio para la salud pública. Este 2025, los efectos del calor extremo se sienten con mayor intensidad y duración, afectando no solo a personas con enfermedades preexistentes, sino también a individuos sanos que subestiman el impacto del clima en su bienestar. La ola de calor se define como un periodo de varios días consecutivos con temperaturas anormalmente elevadas, generalmente acompañadas de baja humedad y poca circulación de aire. Estas condiciones ponen en jaque la capacidad del cuerpo humano para mantenerse en equilibrio térmico, lo que puede derivar en síntomas físicos severos o incluso consecuencias fatales.

El contexto local: 

Reynosa y el calor amplificado; en nuestra ciudad, las condiciones urbanas agravan este fenómeno natural. El crecimiento acelerado de la ciudad ha dado lugar a extensas superficies de concreto y asfalto, conocidas como manchas térmicas urbanas o "manchas grises", que absorben el calor solar durante el día y lo liberan lentamente por la noche. Esto impide que las temperaturas bajen incluso al anochecer, lo que eleva de forma sostenida la sensación térmica y dificulta el descanso y la recuperación del cuerpo. A esto se suma la escasez de áreas verdes, parques con sombra y árboles que amortigüen el impacto del sol. La vegetación no solo refresca el ambiente, sino que contribuye a mejorar la calidad del aire. Su ausencia, junto con la alta densidad vehicular, convierte a Reynosa en una de las ciudades más expuestas al estrés térmico del noreste del país, sobre todo durante la canícula, el periodo más caluroso del verano.

El cuerpo bajo estrés térmico. 

Nuestro organismo está diseñado para mantener una temperatura interna estable, idealmente cercana a los 37°C. Cuando el calor externo sobrepasa nuestra capacidad de adaptación, se activan mecanismos como el sudor y la vasodilatación. Pero si la exposición es constante, y no hay suficiente reposición de líquidos o descanso, estos mecanismos se agotan. Los síntomas iniciales pueden parecer inofensivos: fatiga, sed intensa, sudoración excesiva. Sin embargo, si no se actúa a tiempo, pueden escalar rápidamente a deshidratación severa, calambres por calor, agotamiento por calor y la forma más grave: Golpe de calor: una emergencia médica que requiere atención inmediata. La temperatura corporal se eleva rápidamente, puede haber confusión, pérdida de conciencia e incluso daño neurológico o la muerte.

¿Quiénes corren más riesgo? 

Las olas de calor no afectan a todos por igual. Algunos grupos poblacionales son especialmente vulnerables y la prevención es vital. Incluso una ligera elevación de la temperatura ambiental puede descompensarlos:

· Adultos mayores, cuya percepción de la sed disminuye con la edad.

· Niños pequeños, que pierden líquidos con mayor rapidez.

· Personas con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, insuficiencia cardíaca o renal.

· Trabajadores al aire libre, expuestos durante horas sin posibilidad de resguardo.

· Personas en situación de calle, sin acceso a agua o sombra.

Acciones prácticas para cuidarnos: El primer paso es tomar conciencia. El calor intenso no debe tomarse a la ligera. Aquí algunas recomendaciones básicas pero cruciales:

· Mantente hidratado: bebe agua constantemente, incluso sin tener sed.

· Evita exponerte al sol entre las 11:00 a.m. y 4:00 p.m.

· Utiliza ropa ligera, de colores claros, y sombrero o gorra.

· No realices ejercicio físico al aire libre durante las horas más calurosas.

· No dejes nunca a niños o mascotas dentro de vehículos.

· Consume alimentos frescos, ricos en agua, como frutas y verduras.

· Verifica el estado de personas mayores cercanas o que vivan solas.

Además, es momento de repensar nuestras ciudades: promover la reforestación urbana, el uso de techos verdes, espacios públicos con sombra y mejores condiciones para los trabajadores al aire libre.

Reflexión final: 

La salud pública no solo se protege en los hospitales. Se cuida, se educa y se fortalece en casa, en la calle, en las escuelas y en cada decisión cotidiana. Las olas de calor son una consecuencia directa de un planeta en desequilibrio, pero también son un llamado a repensar nuestras rutinas, nuestras ciudades y nuestras prioridades. Que este verano no solo nos invite a protegernos del sol, sino también a iluminarnos con más información, empatía y responsabilidad colectiva. El calor extremo llegó para quedarse, pero la prevención, la solidaridad y la conciencia ambiental pueden marcar la diferencia entre el riesgo y la resiliencia.


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