Columnas - Vanessa Romero Rocha

Respuesta a Fox: el presidente de las minorías

  • Por: VANESSA ROMERO ROCHA
  • 13 AGOSTO 2026
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Respuesta a Fox: el presidente de las minorías

Lo que Vicente Fox dice de Andrés Manuel López Obrador habla más de Fox que de López Obrador.

En la conversación de Fox con Ernesto Núñez, para EL PAÍS, está la clave: su Gobierno olvidó a los pobres y gobernó para una minoría.

Lo que debió ser una entrevista se convirtió en una fotografía de su mandato. Una instantánea que permite entender —por contraste— a la Cuarta Transformación: una nueva corriente social y económica que vertió contenido al cascarón de representatividad vaciado por la autodenominada transición.

En la entrevista, Fox aún a un Estado corporativista que confiaba en la teoría del goteo —la idea económica que el tiempo ha transformado en mentira— con un modelo que procura corregir las disparidades del mercado desde su origen.

El expresidente panista, en un dudoso ejercicio de autocrítica que termina usando como ariete contra su mayor adversario —el mismo que lo desnudó y al que terminó desaforando—, ofreció a este diario, en 10 minutos, la clave para decantar dos épocas.

El político guanajuatense que engañó a una generación entera llamando transformación a la mera alternancia reveló a este diario sus reflexiones sobre el Gobierno del cambio. Cambio embustero. Un cambio gatopardo.

Fox lo admite sin bochorno. Gobernó para el perfil sociodemográfico que lo llevó a la presidencia: clases medias-altas y los sectores empresariales del centro y norte del país. En la entrevista, Fox reconoce —¿usted también vio que al expresidente se le aguaron los ojos?— que su Gobierno se olvidó de los pobres, de los que menos tienen, de quienes carecen de oportunidades.

Con ello complica el relato de correligionarios como Ricardo Anaya y Xóchitl Gálvez, que presumen que la transición foxista redujo la pobreza con mayor eficacia que la Cuarta Transformación. Una risa. Una risa que debía ser llanto. Fox gobernó con la bonanza petrolera de Cantarell.

Fox lo entiende, aunque avanza atropellado. Zorro nostálgico, Zorro enredado, Zorro narciso.

Su Gobierno dejó una profunda crisis de representatividad que terminó por pavimentar la llegada de López Obrador. En las palabras de Vicente Fox —menos petulante que Zedillo o Calderón, incapaces de admitir equivocaciones— está la bisagra: el suyo fue un Gobierno de las élites, con las élites y para las élites. Un banquete de preposiciones.

El expresidente del cambio de milenio lo relata con naturalidad: “Me reunía con los empresarios cada mes en Los Pinos. Me reunía con todas las cámaras: la de comercio, la de industria, la Coparmex, la de hombres de empresas; todos comíamos, como 50 gentes ahí en Los Pinos, y a platicar del país”.

Una comida mensual determinó su agenda. El ejemplo más revelador lo ofrece él mismo: cuando sugirió acelerar el aumento de los salarios, los empresarios se le impusieron. No es no. Como si lo relatara un subordinado, el expresidente cuenta que la negativa fue categórica: “No, presidente, si subimos los salarios vamos a perder competitividad, no vamos a poder exportar y la nación no va a tener éxito económico”.

Fox admite que mordió el anzuelo. Una metáfora pesquera que le permite no verbalizar que seguía órdenes.

Al hacerlo —al tragarse el señuelo metafórico u obedecer el mandato literal—, el guanajuatense tomó una decisión histórica: serían los trabajadores quienes cargarían con el precio de la supuesta competitividad. Y, de paso, fastidiaría el poder adquisitivo de casa.

Fox escuchó y gobernó para los 50 sentados en su mesa, no para los millones que comían fuera de ella.


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