"Sueño Bajo Presión: la ciencia del insomnio y la paradoja de las pastillas"

Dormir bien no sólo es una experiencia placentera: es una necesidad biológica fundamental para mantenernos saludables. El sueño cumple funciones clave como la regeneración celular, la reparación del sistema nervioso, el equilibrio emocional y la optimización de la memoria y el sistema inmunológico. Cuando dormimos mal o insuficientemente, se desencadenan consecuencias que van más allá del cansancio: afecta nuestro metabolismo, el desempeño cognitivo y aumenta el riesgo de padecer enfermedades crónicas. Sin embargo, en los últimos años el insomnio ha dejado de ser un problema aislado para convertirse en un asunto de salud pública que afecta a millones de personas en todo el mundo.
El insomnio como problema de salud creciente:
Datos recientes señalan que más del 45 % de los adultos en México reportan dificultades para dormir, incluyendo dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos o incapacidad para volver a dormir después de interrupciones. A nivel global, plataformas de monitoreo del sueño han observado que en los últimos años la duración media del sueño ha disminuido significativamente, con pérdidas de hasta 23 minutos por noche, lo que equivale a 17 noches completas de sueño perdidas al año. Además, estudios epidemiológicos han reportado que el insomnio crónico definido como la dificultad para dormir que persiste durante largos periodos se ha duplicado en las últimas dos décadas, pasando de afectar a una minoría a impactar de manera significativa a la población en países desarrollados. Estas cifras reflejan que la dificultad para dormir ya no es una queja ocasional asociada al estrés pasajero, sino una condición que influye profundamente en la calidad de vida.
¿Qué hace que no podamos dormir?
El aumento del insomnio es multifactorial. Factores como estrés laboral, preocupaciones económicas, ritmos de vida acelerados y uso excesivo de dispositivos electrónicos antes de dormir alteran los ritmos naturales del sueño. Además, la ansiedad, los malos hábitos de descanso y las alteraciones en el ritmo circadiano el reloj interno que regula los ciclos de sueño y vigilia contribuyen a que cada vez más personas no consigan un sueño reparador. Cuando el insomnio se vuelve persistente, puede tener consecuencias graves para la salud. Investigaciones científicas sugieren que el insomnio crónico aumenta el riesgo de deterioro cognitivo y demencia en adultos mayores, y se ha asociado con mayor probabilidad de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Medicamentos para dormir y ansiolíticos, beneficios y límites:
Ante estas dificultades, muchas personas recurren a medicamentos para dormir o ansiolíticos con la intención de "solucionar rápido" el problema. Si bien existen fármacos hipnóticos y sedantes que pueden ayudar a conciliar el sueño en situaciones agudas, su uso prolongado no suele ser la mejor respuesta sin una evaluación médica completa. Estudios clínicos han encontrado que el uso frecuente de somníferos y medicamentos sedantes puede aumentar el riesgo de discapacidad funcional en adultos mayores, es decir, elevar la probabilidad de dificultades para realizar actividades cotidianas con independencia. Esto se suma a otros riesgos conocidos, como tolerancia, dependencia física y efectos secundarios cognitivos que pueden acompañar al uso de estas medicaciones si no se combinan con otras estrategias terapéuticas. Por ello, los expertos en medicina del sueño recomiendan que los tratamientos farmacológicos se consideren de forma temporal y siempre bajo supervisión médica, buscando siempre la menor dosis efectiva y un plan de retiro cuando sea apropiado.
Suplementos naturales ¿una alternativa segura?:
Otro recurso común es el uso de suplementos naturales, como la melatonina, valeriana o hierbas calmantes, que muchas personas toman pensando que son opciones inocuas. La melatonina, por ejemplo, es una hormona que regula el ciclo de sueño-vigilia y su uso a corto plazo puede ser útil en ciertos casos selectos bajo indicación profesional. Sin embargo, investigaciones recientes han generado inquietud respecto a las posibles asociaciones entre el uso prolongado de melatonina y efectos adversos, como un mayor riesgo de problemas cardíacos y otras complicaciones de salud cuando se utiliza durante largos periodos sin control médico riguroso. Esto no significa que los suplementos sean siempre peligrosos, pero sí que su uso indiscriminado no debe reemplazar la búsqueda de soluciones integrales o estar exento de evaluación profesional.
Más allá de pastillas, hábitos que favorecen el sueño:
Antes de recurrir a medicamentos o suplementos, existen estrategias que han demostrado ser altamente efectivas para mejorar la calidad del sueño y que no implican efectos secundarios farmacológicos:
· Higiene del sueño: establecer horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana.
· Ambiente propicio: mantener un dormitorio oscuro, fresco y silencioso.
· Rutinas relajantes antes de dormir: limitar el uso de pantallas y crear hábitos que indiquen al cuerpo que es hora de descansar.
· Ejercicio regular: la actividad física durante el día puede favorecer un sueño más reparador.
· Control del estrés: técnicas como la meditación, respiración profunda o terapia cognitivo-conductual para insomnio pueden ser útiles sin medicamentos.
Estas medidas, a menudo llamadas higiene del sueño, son pilares para establecer patrones de descanso saludables que ayudan a reducir la necesidad de medicación y favorecen una recuperación más natural del ciclo de sueño-vigilia.
Reflexión final, valorar el sueño como salud integral:
El insomnio ya no es un tema menor ni una simple molestia pasajera; es una condición que afecta a un porcentaje importante de la población y cuyo impacto trasciende la fatiga diaria. El sueño tiene un rol central en nuestra salud física, mental y emocional, y su alteración persistente puede aumentar el riesgo de enfermedades crónicas y deterioro cognitivo. Si bien los medicamentos y suplementos pueden tener un lugar en el tratamiento bajo ciertas condiciones, no son una solución universal ni exenta de riesgos. El enfoque más efectivo para mejorar la calidad del sueño combina evaluación médica oportuna, hábitos saludables y estrategias no farmacológicas adaptadas a cada persona. Consultar con un profesional de la salud, identificar las causas subyacentes del insomnio y construir un plan integral es siempre la mejor inversión para proteger tu descanso y tu bienestar a largo plazo.



