"Alimentación infantil: el peso invisible de los ultraprocesados"

En los últimos años, la obesidad infantil se ha convertido en una de las principales preocupaciones de salud pública en México. Lo alarmante es que este problema, que antes era poco frecuente, ahora afecta a millones de niños y niñas desde edades cada vez más tempranas. Las estadísticas no mienten, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), México ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial en obesidad infantil. Detrás de este fenómeno hay muchas causas, pero una de las más importantes y que muchas veces pasa desapercibida es el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados. Estos productos, que se encuentran en cada esquina, prometen practicidad y sabor, pero esconden altos niveles de azúcar, grasas poco saludables, sodio y aditivos que afectan directamente la salud de nuestros niños.
¿Qué son los alimentos ultraprocesados?
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) los define como productos industriales formulados con ingredientes refinados, aditivos y conservadores, sin o con muy poca presencia de alimentos frescos. Ejemplos comunes son: refrescos y bebidas azucaradas, botanas saladas y frituras, galletas, pastelitos y pan industrializado, comida rápida lista para calentar. Y su principal problema es que aportan muchas calorías, pero casi nada de nutrientes esenciales como fibra, vitaminas o minerales.
Consecuencias en la salud de los niños.
El consumo frecuente de estos productos en la infancia tiene efectos que no solo se ven en el corto plazo, sino que también se arrastran hacia la vida adulta. Entre los más importantes:
· Aumento de peso y obesidad: el exceso de calorías, azúcares y grasas saturadas favorece la acumulación de grasa corporal.
· Problemas metabólicos tempranos: resistencia a la insulina, alteraciones en el colesterol y triglicéridos.
· Riesgo cardiovascular: incluso en edades tempranas, ya se detectan cambios en las arterias.
· Alteraciones en el crecimiento y desarrollo: una mala alimentación impacta en el sistema inmunológico, el rendimiento escolar y el estado emocional.
En Reynosa, la situación se agrava por el fácil acceso y bajo costo de estos productos en comparación con frutas, verduras y alimentos frescos. Las tienditas escolares, los puestos callejeros y la publicidad dirigida a menores han normalizado su consumo diario.
La influencia de la publicidad y el entorno.
La mercadotecnia de alimentos ultraprocesados es estratégica y muy atractiva para los niños: colores llamativos, personajes animados, promociones y regalos. Esto crea un vínculo emocional que lleva a los pequeños a pedir constantemente estos productos. Además, muchos padres y cuidadores, por cuestiones de tiempo y economía, recurren a opciones rápidas y empaquetadas, creyendo que son "suficientes" para satisfacer el hambre, sin considerar el impacto a largo plazo.
¿Qué podemos hacer como sociedad?
Combatir la obesidad infantil no es responsabilidad exclusiva de los padres. Es una tarea que involucra a la familia, las escuelas, las autoridades y la comunidad en general. Algunas acciones clave son:
1. Fomentar la educación nutricional desde preescolar, para que los niños aprendan a identificar alimentos saludables.
2. Ofrecer opciones sanas en casa y en la escuela, evitando tener ultraprocesados como primera opción.
3. Leer las etiquetas y entender el contenido real de lo que consumimos.
4. Promover la actividad física diaria para contrarrestar el sedentarismo.
5. Regular la publicidad y venta de alimentos ultraprocesados dirigida a menores.
Reflexión final:
La obesidad infantil no es un problema estético; es un problema de salud que condiciona el presente y el futuro de nuestros niños. Una alimentación basada en alimentos naturales, acompañada de hábitos saludables, puede marcar la diferencia entre una infancia sana y una que se ve afectada por enfermedades crónicas desde edades tempranas. Como sociedad, debemos recordar que cada refresco, cada bolsa de frituras y cada pastelito que sustituye una fruta o un plato nutritivo, es una oportunidad perdida para nutrir el cuerpo y la mente de un niño. Invertir tiempo y esfuerzo en una alimentación saludable para nuestros hijos es, sin duda, una de las herencias más valiosas que podemos dejarles. La prevención empieza en casa, pero su impacto trasciende a toda la comunidad.